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lunes, 6 de febrero de 2017

Los orígenes de la libertad, la propiedad y la justicia, de F. A. Hayek

"Los orígenes de la libertad, la propiedad y la justicia", es el Capítulo 2 del libro de Friedrich A. Hayek, "La Fatal Arrogancia". Su propósito es explicar los desarrollos históricos que han dado lugar a la sociedad actual desde los conocimientos objetivados por las tradiciones y el orden espontáneo, frente a la "arrogante" planificación central del socialismo que cree saber y/o tener toda la información de la sociedad para así dirigirla, por supuesto, con resultados deplorables.

Los orígenes de la libertad, la propiedad y la justicia

Friedrich August von Hayek (1899—1992) 
fue un filósofo, jurista y economista de la 
Escuela Austríaca, discípulo de Friedrich 
von Wieser y de Ludwig von Mises. 
Es conocido principalmente por su defensa 
del liberalismo y por sus críticas a la economía 
planificada y socialista que, como sostiene 
en Camino de servidumbre, considera un 
peligro para la libertad individual que 
conduce al totalitarismo. 
Fue Premio Nobel de Economía en 1974.
La libertad y el orden extenso

Establecido que, en definitiva, fueron la moral y la tradición —más que la inteligencia y la razón calculadora— las que permitieron al hombre superar su inicial estado de salvajismo, parece razonable también situar el punto de partida del proceso civilizador en las regiones costeras de Mediterráneo.

Las posibilidades facilitadas por el comercio a larga distancia otorgaron ventaja relativa a aquellas comunidades que se avinieron a conceder a sus miembros la libertad de hacer uso de la información personal sobre aquellas otras en las que era el conocimiento disponible a nivel colectivo o, a lo sumo, el que se encontraba en poder de su gobernante de turno el que determinaba las actuaciones de todos. Fue, al parecer, en la región mediterránea donde por primera vez el ser humano se avino a respetar ciertos dominios privados cuya gestión se dejó a la responsabilidad del correspondiente propietario, lo que permitió establecer entre las diferentes comunidades una densa malla de relaciones comerciales. Surgió la misma al margen de los particulares criterios o veleidades de los jefes locales, al no resultar posible entonces controlar eficazmente el tráfico marítimo. Cabe recurrir a la autoridad de un respetado investigador (al que ciertamente no se puede tildar de proclive al mercado) que se ha expresado en los siguientes términos: