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martes, 11 de julio de 2017

¿Qué ocurre cuando dejas de hacer ejercicio?

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Seamos realistas, el ejercicio regular es duro. La mayoría de la gente nunca se vuelve adicta al gimnasio ni se obsesiona con correr maratones. Pero hay quien por alguna razón renuncia al ejercicio en algún momento de su vida, puede ser porque las circunstancias cambien o se lesiona, o quizá, simplemente, pasa a ser tan vago como el resto de nosotros.
No es raro ver a esos atletas que rápidamente se quedan fuera de forma una vez que se han retirado del deporte profesional. El efecto se conoce como 'desentrenamiento', y puede causar toda una serie de cambios fisiológicos en el cuerpo de una persona.

Hay una serie de mediciones para determinar los niveles de aptitud de una persona. Algunos de ellos son más subjetivos, como el número de flexiones que puedes hacer en un minuto, o cuánto tiempo puede mantener una postura en tabla y las pruebas específicas que puede cuantificar cosas como la fuerza muscular o la resistencia.

Pero hay mediciones más objetivas, por ejemplo, el consumo máximo de oxígeno (VO2 max.), que mide el volumen máximo de oxígeno que tu cuerpo puede consumir en la respiración celular, lo que a su vez genera la adenosina trifosfato (ATP), una molécula que transporta energía para todas nuestras necesidades biológicas. En términos simples, el VO2 max. refleja con bastante precisión la potencia aeróbica y la capacidad cardiovascular en general.

Cuando de repente dejas tus rutinas normales de ejercicio, es igual que cuando de repente el cuerpo deja de hacer muchas cosas beneficiosas. El fisiólogo cardiovascular, Andreas Bergdahl explica a George Dvorsky en io9 cómo el entrenamiento de resistencia regular -como el correr- aumenta la capacidad del corazón para bombear la sangre a todo el cuerpo, la capacidad de nuestros vasos sanguíneos para transportarla, y la cantidad de capilares que tenemos. También aumenta el tamaño y el número de mitocondrias (las "plantas de energía" de las células). Todo esto conduce a un uso más eficiente de los nutrientes y del oxígeno del cuerpo.

Entre otros beneficios profundos está la fuerza muscular, la coordinación, la flexibilidad y la movilidad central.

Cuando abandonamos la participación de nuestros cuerpos en actividades físicas, comienzan a declinar todas estas medidas de aptitud, un proceso conocido como desacondicionamiento o desentrenamiento. Y cuanto más en forma estés más rápido se tienden a perder los beneficios del ejercicio, incluso si tu condición física de base siga siendo mejor que la media. Lo primero en irse es el VO2 max., y antes de que te des cuenta, le siguen la fuerza muscular, la resistencia y la coordinación. También se puede esperar un aumento de los niveles de azúcar en sangre e incluso la presión arterial.

"Hay estudios que indican un descenso del 7 al 10 por ciento de VO2 después de 12 días de inactividad repentina, de 14 al 15% después de 50 días, y 16 a 18% después de 80 días", explica Bergdahl. "Los valores máximos de potencia cardiaca, el volumen sistólico (la cantidad de sangre bombeada por el corazón durante cada contracción) y la capacidad de las mitocondrias para extraer oxígeno declinan en la misma línea, mientras que la frecuencia cardíaca aumenta."

También se puede esperar ganar peso. Tal como explica el fisiólogo Harry Pino, las células musculares en realidad no se convierten en grasa, eso es un mito común. "Lo que realmente sucede es que las células del músculo (que son completamente diferentes a las células de grasa) se vuelven más pequeñas, porque ahora ya no tienes esa demanda de energía y fuerza, ya no crecen". Entre tanto, las células de grasa se hacen más grandes, lo que provoca un cambio en la apariencia de uno.

Los expertos coinciden en que los atletas deben esforzarse por tener al menos alguna actividad, incluso cuando están en un tiempo de inactividad, para conservar el efecto de todo su duro trabajo.

Pero si el desentrenamiento es tan malo para ti, ¿sería mejor no comenzar ningún ejercicio? Absolutamente no. Un estilo de vida sedentario es mucho más perjudicial que el ejercicio, aunque sea poco frecuente, pero si de verdad quieres cosechar los beneficios saludables de poner tu cuerpo un tanto sudoroso y destacar lo positivo de tales actividades, lo mejor es hacerlo con regularidad, y lo ideal pasa por un total de 300 minutos por semana.

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Ref.: Science Alert.com, por Signe Cane, agosto 2015
Fuente: io9.com .

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