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lunes, 5 de junio de 2017

La primacía de la Fenomenología sobre el Análisis Lógico (2)

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La primacía de la Fenomenología 
sobre el Análisis Lógico
por Hubert L. Dreyfus

.In Memoriam de Hubert Dreyfus (1929-2017), 
renombrado filósofo y profesor de filosofía
 en la U.C. Berkeley durante casi 50 años, 
falleció el 22 de abril a la edad de 87 años.

-- Parte 1  ||  Parte 2 --


3. La construcción de la realidad social

Hubert Dreyfus
Una vez más partiré de la que, según asumí, era la posición husserliana de Searle, y más adelante explicaré cómo mi interpretación, pese al apoyo aparente del texto, se revela como un equívoco tras lo reformulación de Searle. Con todo, sostendré que lo fenomenología se muestra necesaria para diferenciar el modo en que un tipo reductor de tensión de intencionalidad colectiva produce normas sociales del modo en que un tipo convencionalmente representacional de intencionalidad colectiva constituye hechos institucionales. Finalmente discutiré las relaciones de dependencia entre ambos tipos de intencionalidad colectiva.

La idea básica de Searle es que, a fin de constituir hechos institucionales, los seres humanos deben imponer funciones de estatus sobre hechos naturales que no tienen ninguna función social intrínseca. Searle nos dice: «la forma de la regla constitutiva es 'un [hecho natural] X cuenta como [un hecho institucional] Y en [el contexto] C'» .24. A fin de ver que Searle parece sostener un punto de vista husserliano de los hechos institucionales, basto preguntar por el modo como ha de entenderse la imposición de una función de estatus. Específicamente, ¿cómo construir la fórmula searleana del término X que ha de pasar a contar como propietario de una función Y?
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24. Searle, John, The Construction of Social Reality, Nueva York: Free Press, 1995, pp. 43-44.
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Al igual que Husserl y Heidegger, Searle empieza por describir los fenómenos cotidianos desde dentro del mundo de la práctica cotidiana: "En tanto concierne o nuestras experiencias normales de los partes inanimadas del mundo, no experimentamos las cosas como objetos materiales, y mucho menos como colecciones de moléculas. Antes bien, experimentamos un mundo de sillas y mesas, casas y automóviles, auditorios, cuadros, vías públicas, jardines, etc." .25
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25. Ibid., p. 14
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Pero luego, al igual que Husserl, pero a diferencia de Heidegger, Searle toma el rumbo de una posición lógica segmentada y nos dice: "Interesa ver aquí que las funciones nunca son intrínsecas a la físico de un fenómeno, sino que son asignadas desde fuera por los observadores y usuarios conscientes." .26
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26. Ibid. Énfasis mio.
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Tras leerla por primera vez, interpreté esta frase como la afirmación de que nosotros "Los observadores y usuarios conscientes" realmente "asignamos" funciones a la materia en bruto desde "fuera". Me recordó, pues, a cuando Husserl afirma en las 'Investigaciones lógicas' que, para que haya lenguaje, el sujeto debe asignar significado a los que de otro modo serían ruidos y garabatos sin sentido, y a su afirmación ulterior, en las 'Ideas', de que el sujeto transcendental, en la percepción, debe tomar el input sensorial como uno suerte de objeto para poder experimentar los objetos. Dado que Searle aludía a la función de mesas y sillas, tuve la impresión de que reproducía lo afirmación de Husserl, en las 'Meditaciones cartesianas', de que las meras cosas físicas son primero halladas y luego dotadas de significado como objetos culturales: "Una mera cosa física existente se da de antemano (cuando desatendemos todas las ... características "culturales" que la hacen cognoscible, por ejemplo, como un martillo...)" .27
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27. Husserl, Edmund, Cartesian Meditations, La Haya: Martinus Nijhoff, 1960, p. 78. Cf. La versión castellana de Mario A. Presas, Meditaciones cartesianas, Madrid: Tecnos, 1986, p. 104: "lo que en la vida se nos presenta como ya concluido, por así decirlo, como mera cosa existente (prescindiendo de todos los caracteres espirituales que lo hacen cognoscible, por ejemplo, como martillo...)".
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De modo que me dispuse o seguir a Heidegger en su argumento de que semejante afirmación es mala fenomenología. Como Heidegger señala, por lo común no somos mentes aisladas o sujetos transcendentales que confrontan cosas físicas sin sentido a las cuales asignan funciones. Antes bien, desde el inicio somos socializados en un mundo en el que afrontamos provistos de equipo. En apariencia Searle concuerda cuando dice: "Dios no podría ver destornilladores, automóviles, bañeras, etc., porque no hay cosas tales en términos intrínsecos. Antes bien, Dios nos vería tratar ciertos objetos como destornilladores, automóviles, bañeras, etc. Pero nuestro punto de vista [es] el punto de vista de seres que no son dioses sino que están dentro del mundo." .28
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28 Searle, John, The Construction of Social Reality, a.c., p. 12. Énfasis mio
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Sin embargo, dada su afirmación de que las funciones son asignadas desde fuera, me pareció que Searle seguía a Husserl, y no a Heidegger, al describir el "punto de vista natural" únicamente para ponerlo entre paréntesis.

Me pareció que ambas, la afirmación externa, lógica, cuasidivina de que, para que haya un mundo social, los hechos brutos en lo naturaleza deben adquirir significado de algún modo, y la descripción fenomenológica e interna de seres humanos como siempre-ya-en un mundo significativo, eran correctas aunque opuestas, y, al igual que Heidegger y Merleau-Ponty, yo estaba seguro de que el problema se resolvería al invocar las condiciones lógicas, externas, que describen la constitución de los hechos sociales, para explicar la posibilidad de nuestra experiencia de un mundo desde ya significativo.

El problema irrumpe de forma aguda cuando Searle pregunta cómo así "el niño... aprende a tratar los sonidos que salen de su boca y de las otras bocas como útiles para algo, o significantes de algo ... ".29 . La pregunta misma desmiente el fenómeno. Los psicólogos del desarrollo han encontrado evidencia de que el feto humano ya responde diferenciadamente al habla de lo madre frente a otros sonidos. Esta investigación sugiere que no hay sentido alguno en preguntar desde el punto de vista del niño cómo así él aprende a tomar como significativas los explosiones acústicas que salen de la boca de las personas. Al parecer, el sentido (meaningfulness) no tiene que ser aprendido. Antes bien, el habla emitida desde la boca de las personas siempre es experimentada por el niño como significativa, aunque éste tenga, desde luego, que aprender su significado.
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29. Ibid., p. 73.
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Uno puede, sin embargo, a fin de proporcionar una explicación teórica del lenguaje, adoptar una perspectiva exterior al mundo del significado lingüístico y preguntar por lo que hace posible al lenguaje. Es posible formular entonces: (i) la pregunta lógica (que Merleou-Ponty denomina "pregunta concerniente a los condiciones de posibilidad"), ¿qué condiciones constitutivas deben ser satisfechas para que los sonidos emitidos desde la boca de las personas cuenten como lenguaje?; (ii) la pregunta ontológica, ¿qué debe agregarse a los meros ruidos para que sean experimentados como lenguaje?, o (iii) la pregunta científica, ¿cómo transforma el cerebro las explosiones acústicas en aquello que el sujeto experimenta como palabras significativas? .30. Pero ni desde el punto de vista externo, ni desde el implicado, hay lugar para la pregunta: ¿cómo aprende el niño a imponer significado sobre ruidos sin sentido? Por lo común, en el mundo como realmente existe, el agente sólo oye palabras significativas; no hay justificación alguna para, en los términos de Merleou-Ponty, tomar las condiciones lógicas de posibilidad como condiciones de existencia, esto es, para tomar las condiciones lógicas de constitución como productoras, en algún modo, de los fenómenos. Según Merleau-Ponty, tal es el error que lleva a pensadores como Husserl a inventar una actividad transcendental de asignación o imposición de significado que pretende explicar el modo como un sujeto, que inicialmente experimenta garabatos o ruidos sin sentido, paso a experimentarlos como palabras significativas.
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30. Podría sorprendernos que incluso estas preguntas sean formulables --salvo que adoptemos nuestra ontología moderna. Resulta, sin embargo, que cualquiera, incluso un aristotélico o un cristiano, puede convertir las palabras que salen de su boca en ruidos sin sentido; basta con que repita la misma palabra, una y otra vez.
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Teniendo en mente la fenomenología trascendental de Husserl, y la afirmación de Searle de que el niño aprende a imponer significado lingüístico sobre ruidos sin sentido, yo no pude dejar de pensar que, al explicar la constitución de los hechos institucionales y decir que "las funciones son ... asignadas desde fuera por los observadores y usuarios conscientes", Searle repetía a Husserl cuando éste afirma que semejante asignación es algo que la conciencia transcendental realmente hace. Pero Searle ha explicado ahora que nunca pretendió efectuar dicho movimiento husserliano. Tanto en su descripción de lo constitución de hechos sociales como en su teoría de acción, él practicó desde el inicio un análisis lógico .31
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31. Ayudaría o la comprensión de sus lectores que Searle corrigiese su afirmación aparentemente fenomenológica --y ciertamente falsa-- de que el niño necesita aprender a dotar de significado a ruidos sin sentido. Uno podría concentrarse entonces en los problemas reales que su onálisis lógico plantea.
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El análisis de Searle muestra un convincente paralelo estructural entre la lógica de la constitución de los hechos sociales y la lógica de la acción . En el caso de la acción intencional, un movimiento X cuenta como una acción Y si y sólo si es causada por una representación de sus condiciones de satisfacción, e, igualmente, un hecho puro X cuenta como un hecho institucional Y si y sólo si es representado cual si contara como Y. Tanto los fenomenólogos como los analistas lógicos pueden admitir la afirmación anterior --v.gr. sea que consideremos, como los fenomenólogos, que una representación es una entidad mental, sea que consideremos, como Searle, que es una mera estructura lógica. Mas, así como la fenomenología muestra que la acción intencional es un caso especial de comportamiento cotidiano que también incluye al manejo absorto, así también la fenomenología muestra que los hechos institucionales son un caso especial de hecho social que además involucra a las normas sociales. Conque debemos considerar ahora lo que ocurre cuando intentamos generalizar la concepción lógica searleana de los hechos institucionales a las normas sociales.

Quisiera mostrar que, en tanto tiene igual estructura que su aproximación a lo acción, lo aproximación analítica de Searle a los hechos institucionales adolece de la misma omisión de distinciones fenomenológicas importantes. Así como toma de paradigma el papel causal de los representaciones proposicionales en la acción intencional, y generaliza entonces su análisis lógico de este caso especial a todo comportamiento, incluido el manejo absorto, así también, en su libro sobre la realidad social, Searle adopta como paradigma a los hechos institucionales y asume entonces que su análisis lógico del papel necesario de los representaciones proposicionales en la constitución de hechos institucionales abarca todos los casos donde los seres humanos añaden normas a la naturaleza. Y, en ambos casos, lo generalización oculta una distinción importante. Ocurre que el manejo absorto es ocasionado por un intento, pero la propia actividad diestra es causada, no por el intento, sino por una respuesta a una tensión gestáltica, y, como veremos ahora, los hechos institucionales son, en realidad, constituidos por la imposición de funciones de estatus sobre un hecho natural, mediante la representación de tal hecho como propietario de tal estatus, mientras que las normas sociales son producidas por una respuesta a una tensión gestáltica que no necesita ser simbólicamente representada ni aun representable.


Llegado este punto, será de ayuda distinguir tres tipos de hecho social:

1) La conducta social. Los animales exhiben intencionalidad colectiva. Por ejemplo las hienas, que cazan en grupo, y los monos, que siguen el liderazgo del macho más fuerte. Sin embargo, como Searle indica, semejantes hechos sociales, pese o ser colectivamente reconocidos, no son constituidos por la intencionalidad colectiva que asigna a algo natural un nuevo estatus y una función no basados en la naturaleza. Así, pese o que exhiben conducta social, los animales no constituyen hechos sociales. Es natural que la cacería en grupo sea más eficaz que lo cacería en solitario, y es normal que el macho líder sea el macho más fuerte .32 .
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32. Desde luego hay casos ambiguos, como la doble constatación de que las mujeres son por naturaleza más débiles que los hombres y son constituidas, en lo mayor porte de sociedades, como socialmente débiles.
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2) Las normas sociales. Los normas sociales no tienen fundamento en la naturaleza. Más bien, como la pronunciación apropiada, son aprendidas mediante la adquisición de un sentido de lo colectivamente visto como apropiado o impropio. Por ejemplo, el género y la clase social son producidos y perpetuados por los miembros de un grupo toda vez que éstos son socializados en la forma de comportarse apropiada para quienes son de un cierto sexo o clase económica. Análogamente, alguien podría transformarse en un líder porque los demás encontraron apropiado seguir su consejo, imitar su manera de hablar, etc., no importa cómo expliquen lo transformación de semejante persona en líder --por Dios, sucesión o lo que sea-- y no importa cuán fuerte o astuto sea ella realmente .33
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33. Es probable que ésta sea la manera como se crean los líderes carismáticos.
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3) Los hechos institucionales codificables. En este caso, algún tipo de hecho bruto X cuenta como un hecho institucional Y por haberle asignado la intencionalidad colectiva alguna función. En este nivel alguien contará como un líder por ser cierto tipo de persona. Los seguidores deben ser capaces de reconocer que lo que hace de su líder un líder no es algún hecho natural respecto de él, sino el acuerdo colectivo que asigna el estatus de líder o alguien que tiene ciertos rasgos. Semejante estatus trae consigo un sistema de derechos y obligaciones y es, así, el fundamento del poder deóntico. Por lo demás, dado que el tipo en cuestión se reconoce en términos de ciertos rasgos, las reglas constitutivas pueden explicitarse y codificarse, así como los derechos y obligaciones consecuentes.

Searle reconoce los fenómenos en el nivel uno y brinda una gran contribución para un análisis lógico de nivel tres, pero, como sostendré ahora, la noción de representación proposicional que Searle usa para analizar la constitución de hechos institucionales no le permite analizar la producción de normas sociales a menos que lo extienda de un modo que oculta distinciones importantes .34
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34. Como señalaría Merleau-Ponty, su análisis de las condiciones de posibilidad de los hechos institucionales no da cuenta de las condiciones de existencia de las normas sociales.
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Hemos visto que, en su análisis lógico de la acción, Searle busca extender su afirmación de una acción que debe ser causada por una representación proposicional de los condiciones de éxito de la acción hasta abarcar el manejo absorto. Hace ello introduciendo uno versión mínima de la representación proposicional según lo cual puede decirse que un agente, al desplazarse hacia una sensación de equilibrio, representa las condiciones de éxito de su comportamiento --que la tensión se reduzca--, aun cuando no tenga en mente cómo sería tal reducción antes de lograrla. Veremos ahora que, como en el caso de la acción, Searle únicamente puede explicar el manejo absorto con sus condiciones de mejora extendiendo su noción lógica de representación proposicional hasta incluir los deícticos (indexicals), de modo que aquí, para explicar los normas sociales, tendría que extender su concepción de la constitución hasta incluir la "asignación" de un estatus social, no sólo o los tipos de hechos, sino a las instancias de hechos no descriptibles al margen de su producción contextualizada real.

Tomando a los hechos institucionales como caso paradigmático, parece plausible, como Searle afirma, que "no puede haber modo prelingüístico de formular el contenida del acuerdo [sobre el valor} del término [Y] porque no hay ahí ningún fenómeno natural prelingüístico" .35, pero la descripción fenomenológica muestra que afirmar, en el caso de las normas sociales, que el desplazamiento del nivel bruto al nivel del valor ha de representarse lingüísticamente por los agentes implicados es algo basado en una analogía errónea. Sucede que hay casos en los cuales, aun cuando ningún fenómeno natural está involucrado, un sentido prelingüístico de la tensión puede crear un sentido de la propiedad e impropiedad de una actividad social sin la mediación de representaciones lingüísticas. Este sentido de la propiedad no involucra lo imposición de un tipo de función de estatus sobre un tipo independientemente reconocible de hecho puro. Así como el niño no necesita aprender que los ruidos sin sentido pueden ser dotados de significado ya que en su mundo el ruido significativo siempre existe desde ya, así también las normas sociales en el mundo social no necesitan ser constituidas del modo en que lo esán los hechos institucionales; todo lo que se necesita para producir una norma social es el acuerdo colectivo sobre los juicios en sentido wittgensteiniano, es decir, lo coordinación de las tensiones y los resoluciones de tensión que las personas socializadas en una cierta percepción de la cultura sienten en situaciones sociales específicas.
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35. Ibid., p. 69 . Énfasis mio.
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A fin de ver cómo funciona esto, podemos retomar el fenómeno de mantenerse a la distancia apropiada de los demás. Un niño aprende esta norma social de sus padres aun sin ellos darse cuenta de estar induciendo dicha práctica en él. Simplemente, cuando el niño se ubica demasiado lejos o demasiado cerca, el padre siente una tensión y corrige la impropiedad desplazándose más cerca o más lejos. El niño termina entonces por sentirse cómodo en una situación específica sólo cuando se mantiene a la distancia culturalmente apropiada. Así, desde el punto de vista fenomenológico, un cierto tipo de distancia física no cuenta como el tipo apropiado de distancia que una persona debe mantener; la persona simplemente es atraída hacia el lugar que es cómodo y, por consiguiente, apropiado .36 .
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36. Alguien puede sentir que la distancia es incorrecta si está en una cultura extraña o en una situación extraña dentro de la propia cultura, par ejemplo un resfrío o la cercanía de un ruidoso martillo de aire, pero, normalmente, si uno la siente apropiada para uno y para su respectivo interlocutor, lo distancia es apropiada. En toda situación específica la distancia apropiada es, simplemente, la distancia a lo cual aquellos entrenados en esos prácticas culturales, e involucrados en la situación, se sienten cómodos.
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Ahora bien, ésto sería una objeción a Searle sólo si él afirmase estar describiendo el modo como los normas sociales son producidas y funcionan, pero él está seguro de intentar ofrecer un análisis lógico del modo como los hechos institucionales son constituidos. Con todo, incluso esta afirmación más modesta trae problemas. Así como los requisitos lógicos para constituir la acción intencional tienen que ser extendidos casi más allá del reconocimiento a fin de aplicarse al manejo absorto, los requisitos lógicos para la constitución de hechos institucionales no se aplican sin una modificación radical de las normas sociales.

Para ver esto, basta notar que Searle afirma que la constitución precisa representaciones lingüísticas o, cuando menos, simbólicas --que los hechos naturales deben ser constituidos como sociales por representación simbólica, lo cual pareciera significar que son descritos como hechos sociales por no tener funciones naturales. Pero, como nuestro enfoque fenomenológico ha revelado, la sensación de propiedad de ciertos comportamientos se produce por la socialización, sin necesidad de que haya algún tipo de hecho bruto ni algún estatus lingüísticamente descriptible asignado a él. En el caso de la distancia, por ejemplo, no es posible describir una clase de distancias físicas, propias de un cierto tipo de situación, que constituiría un cierto tipo de función, ya que el agente puede, meramente, estarse moviendo con destreza para reducir una tensión.

En general, la regla constitutiva de Searle no necesita aplicarse a los normas sociales. Así, las normas sociales no pueden ser analizadas como una subespecie de hechos institucionales codificables. No es preciso que haya algún tipo de X puro que requiera tener una característica Y simbólicamente representada impuesto sobre él .37. De hecho, lo que hace apropiada a una cierta práctica está a menudo tan determinado por la situación que puede ser imposible especificar un conjunto de rasgos físicos que definan el término X y especificar, de una manera general, el estatus específico y función del término Y .38.
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37. He argumentado que habilidades como la distancia apropiada son contextuales al punto de no poder apresarse mediante reglas, en mi libro: 'Mind over Machine. The Power of Human Intuition and Expertise in the Era of the Computer', Nueva York: Free Press, 1986. Pierre Bourdieu y Ludwig Wittgenstein realizan afirmaciones similares. Searle mismo advierte que las reglas tienen que asentarse (bottom out) en habilidades no semejantes a normas cuando discute el papel necesario del trasfondo.
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38. Más aún, conviene notar, pese o que no es necesario para mi argumento, que normas sociales como la distancia apropiada y el género no cumplen una función simple, ni siquiera un conjunto de funciones, como si ocurre con hechos institucionales del tipo de la propiedad, el liderazgo y el dinero.
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Desde luego, estos argumentos no impiden a un defensor de la lógica de la constitución de los hechos institucionales, como Searle, que extienda su análisis a la constitución de las normas sociales, mas para hacerlo tendría que debilitar su concepción del tipo de representación requerida. La clase extendida de representación no sería la representación simbólica de un tipo de hecho (X) como propietario de un cierto tipo de estatus (S) en un cierto tipo de contexto (C), sino más bien una representación de una instancia específica X que cuenta como propietaria de un estatus específico Y en un contexto específico C. Todo lo que puede decirse desde un punto de visto lógico externo es que, para cada situación particular, una distancia física objetiva específica se constituye como uno distancia social apropiada. Pero éste es un sentido muy atenuado de constitución. En suma, puede darse uno descripción fenomenológica de las condiciones de existencia de los hechos sociales, mas para dar un análisis lógico de sus condiciones de posibilidad tiene que extenderse el sentido de representación simbólico de lo descriptivo a la deíctica (indexical). Como en el caso de la generalización del análisis lógico de la acción intencional al manejo absorto, semejante movimiento hacia un deíctica (indexical) salvo la generalidad de la concepción lógica de los hechos sociales no naturales, pero sólo al costo de ocultar una distinción fenomenológica importante --la diferencia entre lo que, siguiendo o Merleou-Ponty, podríamos llamar "intencionalidad proposicional" e "intencionalidad motora".

No obstante, aun si Merleou-Ponty está en lo cierto respecto de la fenomenología, y ello requiere extender la definición de representación simbólica que funciona para los hechos institucionales de ser una descripción a ser una referencia demostrativa, ¿por qué deberíamos ocuparnos de normas sociales como la distancia apropiada cuando lo que parece ser la base del poder deóntico en la sociedad son los hechos institucionales? La respuesta es que, así como las habilidades de manejo subyacen a la acción intencional y la hacen posible, las habilidades sociales que crean y sostienen las normas sociales subyacen o las instituciones sociales y las hacen posibles. Según el fenomenólogo, tanto en el análisis de la realidad social como en el caso del comportamiento, el analista lógico mantiene las dependencias al revés. El sentido de lo que es apropiado configura las relaciones de poder que, o su vez, dan a las instituciones los poderes codificados como derechos y obligaciones.

Dichas instituciones sociales, como la clase y el género --que ciertamente son casos importantes de relaciones de poder--, dependen de ciertas normas aceptadas como naturales para mantener su estabilidad y eficacia, y esta aceptación depende a su vez de personas socializadas en un sentido de la propiedad de ciertos estilos de conducta. Como Bourdieu señala, ampliando a Merleau-Ponty, el fundamento del poder no descansa en las instituciones sociales sino en "las señales imperceptibles de hexis corporal" .39 . Así como los diversos estilos de contacto visual, intervención en lo conversación, postura deferente (o desafiante) y demás, ciertas formas de trato y ciertas señales de respeto se sienten como apropiadas por los miembros de cada género o clase. Estas normas determinan quién manda y quién obedece.
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39. Bourdieu, Pierre, Outline of a Theory of Practice, Cambridge/ Nueva York: Cambridge University Press, 1977, p. 82 . (or. Esquisse d'une theorie de la pratique. Precedé de trois études d'ethnologie kabyle, Ginebra/París: Droz, 1972)
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Sin embargo, dado su compromiso con el análisis lógico de los hechos institucionales vistos como fuente del poder deóntico, Searle es inducido o afirmar, por ejemplo, que la actitud sumisa de las mujeres "expresa [en vez de producir] su falta de poder" .40. Pero esto afirmación es ambigua. En la medida en que las mujeres son por naturaleza físicamente más débiles que los hombres, una actitud recogida ante la presencia de los hombres bien puede expresar esta falta de poder, pero el poder que nos interesa aquí es el producido por la intencionalidad colectiva. Según Bourdieu, en casos semejantes la comprensión corporal prelingüística, que él llama nuestro habitus, continuamente "reactiva el sentido objetificado en las instituciones" .41. Después de todo, lo que se siente apropiado que hagan los hombres y las mujeres es lo que consigue estabilizarse e institucionalizarse, a grandes rasgos, como un sistema de reglas de género. Y sólo entonces dichas reglas pueden ser codificadas como los derechos y obligaciones de hombres y mujeres.
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40. Comunicación personal, julio de 1999.
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41. Bourdieu, Pierre, The Logic of Practice, Cambridge: Polity Press, 1990, p. 67. (El sentido práctico , Madrid: Tourus, 1991; or. Le sens pratique, París: Éditions de Minuit, 1980.)
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Aun los hechos institucionales realmente constituidos pueden desarrollarse como normas sociales, y generalmente lo hacen. Así, por ejemplo, si bien el dinero es constituido, como Searle razona, por la imposición de una función sobre un tipo de objeto, la práctica de usar dinero nace de la práctica del trueque y tiene sentido en sus términos. Antes de que un medio de intercambio pueda existir debe existir la práctica de intercambiar cosas. Pero en trueques semejantes los objetos físicos intercambiados no tienen un valor asignado por la intencionalidad colectiva, sino que aquello por lo que algo puede intercambiarse depende de su valor de uso real y de un sentido compartido de lo que es apropiado en la situación de regateo. El dinero torna a la existencia cuando el trueque se desarrolla en el uso que las personas hacen, para todos las situaciones, de alguna cosa material específica como medio de intercambio. Searle evita discutir las condiciones de existencia del dinero y, si bien parece conceder que la institución del dinero evoluciona, pasa por alto las etapas preinstitucionales de esta evolución para comenzar en uno etapa donde la intencionalidad colectiva ya acepto un tipo de X como propietaria de una función Y. Así, Searle dice: "Gradualmente el dinero evoluciona en formas de las cuales no estomas enterados. No es el caso que un buen día todos hayamos decidido hacer que pedazos de papel cuenten como dinero; antes bien, lo forma que la intencionalidad colectiva adopta consiste en que empezamos a aceptar ... notas de promesa como medios de intercambio, yen que seguimos aceptándolas colectivamente ... Justamente una manera de imponer una función sobre un objeto consiste en empezar o usarla para desempeñar una función" .42.
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42. Ibid., p . 126. Énfasis mío.
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El compromiso de Searle con el análisis lógico lo induce a sobrevalorar las normas sociales ya involucradas en el uso de algo como medio de intercambio. En general, Searle empaña así lo distinción entre dos tipos de intencionalidad colectiva --productiva y constitutiva-- y pasa por alto el importante papel de desarrollo de las normas sociales en cuanto posibilita lo constitución de los hechos institucionales.

Aun en el caso de las instituciones altamente codificadas como la propiedad, la institución debe valerse de las normas sociales fuera de las cuales evolucionó si ha de tener sentido para las personas, y ser así aceptada y perpetuada. Nuestro sentido de los modos apropiados de usar las cosas, y de permitir (o prohibir) a los demás que las usen, subyace a nuestras prácticas de trato con la propiedad, y, en última instancia, subyace a las leyes que rigen las relaciones de propiedad en términos de derechos y deberes. De hecho, es este sentido práctico subyacente respecto del "espíritu" de nuestras instituciones lo que permite que los jueces extiendan las leyes codificando nuestras prácticas en casos nuevos.

Así, en último análisis fenomenológico, los poderes deónticos que tanto fascinan a Searle deducen su fuerza de esas normas de propiedad cuya diferencia de los hechos institucionales, y cuyo prioridad sobre ellos, quedan encubiertas por su análisis lógico.

4. Conclusión: una ontología alternativa

Acabamos de ver que el análisis lógico searleano del comportamiento y los hechos sociales se basa en un análisis de la intencionalidad aplicado a una subclase importante de cada uno de los siguientes dominios: en el caso del comportamiento, la acción intencional, es decir la que de forma consciente (o inconsciente) intenta hacer algo, y, en el caso de los hechos sociales, los hechos institucionales, es decir los hechos que definen derechos y obligaciones. En estos cosos especiales, los acciones y hechos institucionales analizados son hechos posibles (causados y constituidos, respectivamente) por ser proposicionalmente representados como acciones y hechos institucionales. Pero hay otra clase de comportamiento que he llamado "manejo absorto", y otro clase de hecho social que he llamado "norma social", demasiado especificas y contextuales para ser analizadas mediante lo comprensión filosófica usual de representación
proposicional.

Hemos visto, además, que Searle puede extender la caracterización usual de las representaciones proposicionales que son condiciones lógicas poro que un movimien to sea una acción y para un hecho natural sea un hecho institucional, a fin de abarcar todos las formas de comportamiento y hecho social. Al hacerlo, sin embargo, oculta una importante distinción lógica y fenomenológica --la distinción entre las acciones e instituciones que son constituidos por una representación de sus condiciones de posibilidad independientes del contexto, y el manejo absorto y las normas sociales producidas por sus condiciones de existencia concretas y situacionales.

Tal distinción puede no ser importante si solamente nos interesa efectuar un análisis lógico general del papel de todas los formas de representación en todas las formas de constitución intencional, pero deviene crucial si nos interesa, como a Searle, ahondar en los poderes causales de la mente y las instituciones. Allí el análisis lógico, al ocultar la distinción que separa al manejo absorto y las normas sociales, por un lado, y a la acción y los hechos institucionales, por el otro, necesariamente ha de ocultar el modo como los primeros subyacen a los segundos.

Semejante análisis oculta entonces la necesidad de una ontología más rica que lo ontología cartesiana de sujetos individuales, por un lado, y objetos naturales, por el otro. Que, por obra de los seres humanos, un mundo significativo remite de algún modo a un universo sin sentido es un dato contemporáneo igualmente compartido por los filósofos analíticos y los fenomenólogos. Así, los fenomenólogos en principio no objetan al analista lógico que intenta construir una concepción lógica del modo como, dado nuestro conjunto moderno de primitivos ontológicos --representaciones mentales y hechos brutos--, es posible un mundo significativo de acciones y hechos institucionales. Los fenomenólogos existenciales como Heidegger y Merleau-Ponty, sin embargo, disienten de los fenomenólogos transcendentales como Husserl --quien afirma que, para hacer inteligible la posibilidad de un mundo significativo, el significado debe ser introducido en el universo sin sentido, "desde fuera" como quien dice, por mentes que dan significado. De mayor importancia para este artículo: los fenomenólogos existenciales también discrepan de los analistas lógicos como Searle en cuanto a fijar una distinción severa entre aquellos acciones y hechos institucionales que pueden analizarse en términos de representaciones descriptivas y aquellos que deben analizarse en términos de representaciones demostrativas (indexical representations), entre lo que Merleau-Ponty llama "intencionalidad proposicional" e "intencionalidad motora".

Los fenomenólogos existenciales afirman que, para hacer justicia al carácter único del manejo absorto y las normas sociales, tenemos que adoptar uno ontología más rica que la ontología cartesiana de mentes y naturaleza, asumida por Husserl y por Searle. Según los fenomenólogos existenciales, no se entiende mejor al manejo absorto ni a las normas sociales que yacen bajo los comportamientos y hechos sociales tratándolos como entes constituidos por la imposición de lo intencional sobre lo físico. Antes bien, el manejo absorto y las normas sociales tienen lo que Merleau-Ponty llama un tercer tipo de ser --un tipo de ser que no es natural ni constituido, sino producido por la intencionalidad encarnada que siempre está desde ya presente en un mundo de seres implicados, activos, sociales.



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Ref. La primacía de la Fenomenología sobre el Análisis Lógico
Autor: Hubert L. Dreyfus
Traducido del inglés por Martín Oyata

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