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viernes, 16 de junio de 2017

Entender el Conductismo radical

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Conductismo Radical 
o Acerca del Vino Nuevo y el Odre Viejo
por Alejandro Pool 

El Conductismo Radical, cuyo más destacado exponente fue B. F. Skinner, es a menudo mal entendido y criticado tanto en ámbitos académicos como profanos. A esta actitud contribuyen diversos factores: culturales, ideológicos y políticos. Este trabajo ofrece una mirada panorámica sobre aquellos puntos más controversiales de dicha teoría y algunas de las críticas que se le han formulado, con lo que se pretende problematizar algunas de las ideas o supuestos que la psicología ha asumido como certezas sin previo cuestionamiento, y cuyo debate podría contribuir al desarrollo de esta ciencia.

Mente, Consciencia y Caja Negra

Skinner ha sido y es una de las figuras más influyentes en la historia de la psicología. Propone un conductismo (es decir la filosofía que emerge del análisis experimental de la conducta) que no necesita de una mente, consciencia o procesos cognoscitivos para explicar la conducta de los organismos, es decir, lo que ellos hacen. Esta postura se opone radicalmente a la tradición occidental judeo-cristiana que ha dominado el escenario cotidiano e intelectual por veinticinco siglos, cuyos orígenes en la psicología pueden rastrearse a la separación cartesiana entre la res extensa y la res cogitans, es decir entre el cuerpo y la mente. Esta escisión del sujeto, se llevó a cabo, según Ribes (1999), reificando relaciones en sustancias, de modo tal que:
Todos los cuerpos, orgánicos o inorgánicos se regían por los principios de la mecánica, tal como ésta se formulaba con base en criterios geométricos. Pero las mentes, aún cuando eran cuerpos, no eran el tipo de cuerpos que los cuerpos materiales a los que se accedía mediante los sentidos. Las mentes eran substancias no extensas que, sin embargo, podían interactuar sobre la substancia extensa de los cuerpos materiales, y ser afectadas por los cambios de dichos cuerpos (los padecimientos del alma). Dado que las mentes no eran extensas pero actuaban sobre substancias extensas, la relación entre la mente y el cuerpo era de naturaleza paramecánica. Los cuerpos eran movidos mecánicamente por otros cuerpos y eran movidos paramecánicamente por las mentes (Ribes, 1999, p. 35).
Ribes, sostiene que "El error cartesiano fue otorgarle carácter de sujeto al alma en tanto substancia, en vez de considerarla exclusivamente un atributo o predicación de la substancia material o cuerpo" (1999, p. 57). La psicología no se quedó atrás, ya que la mayor parte de los enfoques o escuelas psicológicas actuales: humanismo, cognoscitivismo y psicoanálisis, en su multiplicidad de subescuelas son herederos de la separación cartesiana, lo que ha contribuido probablemente al interés por el estudio del aparato o entidad (ya sea real o conceptual) responsable del comportamiento. Este aparato es situado en el interior de la persona y es más o menos prescindente de las interacciones que mantiene con su ambiente.

Luzoro (1998) refiere que los constructos hipotéticos como el alma o la mente, u otros como la personalidad, la estructura psíquica o los llamados procesos cognoscitivos, pueden ser, o no ser, de utilidad en la explicación del comportamiento, pero no son lo que se pretende explicar.

Los procesos mentales superiores son una invención, pues introducen el ambiente físico en la mente, y esto se logra sólo sobre la base de analogías del comportamiento externo. La ficción llega a su extremo cuando se afirma que la mente no tiene relación con el mundo externo. Según Skinner ni la mente ni el cerebro se hallan lejos de la idea del homúnculo, es decir, de un hombrecillo responsable de nuestro comportamiento. El problema lógico que entraña esta proposición es que este hombrecillo necesita a su vez de otro que lo haga comportarse y así ad infinitum. La idea del homúnculo u hombre interior y su contraparte, es decir la visión científica, quedan representadas en las distintas interpretaciones que pueden hacerse de la Creación de Adán de Miguel Ángel (Skinner, 1979). Así, puede entenderse que Adán está completo pero no vivo. Es el Creador, quien a través de la brecha que hay entre ambos le traspasará la chispa de la vida, de naturaleza misteriosa, capaz de animar al feto al nacer y de abandonar al moribundo. También se transmite la chispa de la mente,
y entonces el cuerpo viviente no sólo se mueve, sino que se mueve adecuadamente respecto del mundo que lo rodea. La mente tiene un papel mucho más complejo que la vida. Debe ser más que la función que confiere la estructura porque debe penetrar en el ambiente si ha de explicar el ajuste complejo del organismo a las contingencias de reforzamiento (Skinner, 1979, p. 244).
Otra interpretación posible es que se haya invertido los papeles de criatura y creador, y es que "¿No es el hombre el que ha creado a Dios? ¿Y no ha de despertarse Adán, por último, a una existencia inteligente cuando las virtudes soporíferas de la vida y la mente hayan cruzado la brecha en dirección opuesta?" (Skinner, 1979, p. 265).

Es innegable que las explicaciones mentalistas han ejercido y siguen ejerciendo una verdadera fascinación en los hombres. Skinner (1979) sugiere que ya en las primeras teorías explicativas, se creía que los hombres se comportaban porque otra persona entraba al cuerpo de ellos y tomaba el control. Esto coincidía con una primitiva idea de causalidad, las cosas se movían porque alguien -que podía ser la misma persona- las movía. Así, Boreas soplaba las ramas de los árboles y Júpiter hacía el ruido llamado trueno. Un vestigio de tales creencias es la posesión demoníaca, que tal vez sobrevive en algunas teorías y prácticas psicológicas y psiquiátricas. También se creía que agentes causales penetraban en las cosas inanimadas, pero a la física le fue fácil dar mejores explicaciones, y aunque la biología tardó un poco más en demostrar la falacia de la generación espontánea, la psicología aún no lo logra completamente en su propio ámbito, precisamente por la fascinación en el hombre interior y por la comodidad explicativa que representa cuando no sabemos el porqué del comportamiento.

El hecho de que tradicionalmente se entendiese a la conducta como una manifestación o síntoma de procesos mentales que la originaban dificultó enormemente el elevarla a objeto de estudio de la psicología, hecho que sucedió sólo a comienzos del siglo veinte. "Parece que la primera vez que se reconoció a la conducta como un tema de estudio por derecho propio, fue cuando los organismos estudiados fueron demasiado pequeños, y su conducta demasiado simple para sugerir procesos internos desencadenantes" (Skinner, 1991, p. 86), como ocurrió con los estudios de Loebl sobre los tropismos.

Se ha acusado a Skinner de poner dentro de una "caja negra" lo que sucede al interior de la persona que se comporta, ya sea sus aspectos neurológicos, mentales o espirituales, sugiriéndose que descuida aspectos esenciales para la explicación de la conducta humana. A este respecto, Pérez afirma que "…la concepción del organismo como 'caja negra'… es uno de los aspectos más innovadores de la teoría y la práctica del análisis de conducta" (Pérez, 1992, p. 62). Este autor prosigue con la idea de que tanto la tradición cognoscitiva como la humanista sitúan dentro del organismo los procesos mentales y la dignidad humana, respectivamente.
De hecho, para estos planteamientos el interior no sería una caja negra (…) Pues, dicho críticamente, parece que fuera una cámara oscura, en el siguiente sentido. La mente y la dignidad que invocan tales doctrinas aparecerían representadas al revés, como si se tratara de la imagen invertida de la cámara del fotógrafo. En su caso, lo que tendría, según Skinner una determinación de fuera-a-dentro (por decirlo aún así), se ofrece como de dentro-a-afuera. (Pérez, 1992, p. 67).
Los planteamientos skinnerianos han sido criticados por muchos psicólogos enmarcados dentro de las teorías del aprendizaje, pues Skinner nunca se sumó al carro de la "revolución cognitiva". Desde esta perspectiva, la descripción skinneriana aparece como incompleta y cajanegrista. En este contexto los conductistas tendieron a formar sus propias asociaciones, revistas, reuniones etc., por lo que fueron acusados de formar su propio ghetto, pero es que los analistas de la conducta sabían que no cabía esperar mucho de la ciencia cognitiva (Skinner, 1990).

Skinner propone identificar la mente o el cerebro con la persona, por lo que la historia del pensamiento humano es lo que la gente ha hecho y dicho. Este autor afirma que aunque la explicación conductista, quizá no explique completamente ciertos fenómenos tales como el pensamiento, "...las explicaciones mentales o cognoscitivas no son explicaciones en absoluto" (Skinner, 1977, p. 99).

Skinner sostiene que una ciencia del comportamiento debe tratar los estímulos privados como cosas físicas, con lo que se ofrece una explicación alternativa de la vida mental. La pregunta por el qué hay debajo de la piel, es a su entender el núcleo del conductismo radical.

Introspección, Autoconocimiento y Lenguaje

"El conductismo radical no niega la posibilidad de la autoobservación o el autoconocimiento, o su posible utilidad, pero cuestiona la naturaleza de lo que se siente o se observa, y por lo tanto se conoce" (Skinner, 1977, p. 25). De esta forma el conductismo radical establece un equilibrio entre el mentalismo y el conductismo metodológico, ya que el primero descuida los hechos antecedentes externos, y el segundo, al interesarse exclusivamente en éstos, pierde de vista el autoconocimiento y la autoobservación.

Lo que se observa introspectivamente es el propio cuerpo del observador, no es un mundo de naturaleza no física, de la consciencia, mente o vida mental, y no constituye tampoco las causas de la conducta.
...el conductismo radical considera inapropiadas las explicaciones que apelan a constructos hipotéticos formulados en categorías ontológicamente diferentes de lo que se pretende explicar. La tarea que se ha autopropuesto es describir el comportamiento privado o subjetivo y aquél respecto del cual desconocemos sus orígenes o condiciones, en los mismos términos dimensionales u ontológicos del comportamiento observable y autodescriptible (Luzoro, 1998, pp. 124-125).
El cuerpo autoobservado es el producto de las historias genética y ambiental de un individuo, o sea, de la filogenia y ontogenia. Lo observado corresponde a los estadios iniciales de la conducta, que son encubiertos, es decir, sólo privados. Afirmar que estos estadios son generadores de la conducta equivale a sostener que el imperceptible balanceo de un golfista es la causa del golpe sobre la pelota. Las causas del balanceo y el golpe deben buscarse en el ambiente (Skinner, 1990).

Ya Watson (1961) advertía que la psicología introspectista defendida entre otros por Wundt, y cuyo objeto de estudio era una versión laica del alma, es decir la consciencia, presentaba varios obstáculos, a saber la intangibilidad de ésta y la circularidad de su definición y constatación (se ponían contenidos en la consciencia para luego volver a encontrarlos mediante la introspección).

En todo caso la introspección como método de estudio de la mente sufrió un revés, ya que "En 75 años ha habido un gran cambio. La introspección ha vuelto al dominio de la filosofía. Ya no existen 'observadores entrenados' en la tradición de Wundt, y los psicólogos cognoscitivos ya no observan los procesos mentales de que hablan. Los procesos son hipotéticos y se confirman ya sea a través de inferencias de la conducta que supuestamente explican, o a través de una clase distinta de observación, es decir la del sistema nervioso" (Skinner, 1991, p. 99).

Entre las limitaciones para conocer el mundo debajo de la piel, se cuenta que debido al carácter privado del propio cuerpo, la comunidad pudo enseñarle al niño a hacer menos distinciones que las que logró enseñarle en el mundo afuera de la piel, por ejemplo "no puede enseñarse la diferencia entre timidez y vergüenza tan fácil, o exactamente como la diferencia entre rojo y azul, o entre dulce y agrio" (Skinner, 1981b, p. 81).

Sin embargo, la comunidad verbal puede enseñar a describir algunos estados del cuerpo, por ejemplo puede enseñar respuestas descriptivas a condiciones internas usando las condiciones públicas asociadas, por ejemplo al decirle a un niño "eso duele" al verlo cuando se ha caído. También se puede enseñar a describir estados corporales utilizando respuestas colaterales a los estímulos que provocaron una respuesta determinada, por ejemplo al ver llorar a un niño decirle "tienes pena".

Otra limitante a la introspección es que no tenemos órganos especializados para ello, puesto que los sistemas que poseemos, el interoceptivo (que va a las vísceras), propioceptivo (que va al marco esquelético) y el sistema exteroceptivo (que mantiene a la persona en contacto con el mundo) surgieron como resultado de las contingencias de supervivencia de la especie, pero el autoconocimiento emergió mucho más tarde, por lo que las contingencias sociales no han actuado el tiempo suficiente como para desarrollar un sistema nervioso apropiado. Por esta razón, muchas veces no sabemos por qué nos comportamos, pese a la aparente intimidad del mundo debajo de la piel y a la posición ventajosa, como autoobservadores de nuestra propia historia, así incluso otra persona puede saber más que nosotros mismos sobre por qué nos comportamos.

"El autoconocimiento o conciencia de sí mismo es de origen social. Sólo cuando el mundo privado de una persona se torna importante para otras personas, se hace importante para ella" (Skinner, 1977, p. 37). La consciencia surge ante las preguntas que la comunidad verbal formula a un sujeto, por lo tanto depende del lenguaje, y de un lenguaje bastante desarrollado. Es importante señalar que muchas veces no tenemos conciencia de lo que hacemos ni de por qué lo hacemos, más aún algunas culturas han desarrollado muy poco el autoconocimiento de sus integrantes, y es que "una sociedad avanzada y relativamente poco práctica produce un individuo altamente introspectivo o introvertido" (Skinner, 1974, p. 313).

El que a veces no tengamos conciencia de lo que hacemos ni por qué lo hacemos, y sin embargo igual nos comportemos, se constituye en una prueba poderosa de que la consciencia es colateral a los actos. Ambos son el producto de una historia de interacciones del individuo con su ambiente social y no social. La consciencia puede aparecer o no en algunas contingencias de reforzamiento; la conducta se produce primero históricamente, tanto filogenética como ontogenéticamente. La extendida creencia de que siempre debe existir un acto de conciencia que origine o al menos preceda a una acción ha sido responsable en gran medida del surgimiento del Inconciente, ya que cuando nos comportamos ignorando que lo hacemos o cuando ignoramos las causas de nuestra conducta suponemos la existencia de contenidos mentales ocultos que nos impulsan.

Al igual que otras especies, los hombres emitían antiguamente gritos de alerta, sonidos de amenaza, etc. Relativamente tarde en la historia su musculatura vocal quedó bajo control operante, lo que permitió ampliar el alcance de su ambiente social, pues permitió el surgimiento de la cultura, es decir, de un conjunto de reglas que describían contingencias de reforzamiento, a las cuales ya no era necesario que los individuos se sometieran directamente. Este es el denominado aprendizaje por reglas, que se distingue del aprendizaje por contingencias directas. Es así como el comportamiento verbal es el responsable de una gran parte de nuestro desarrollo social y científico, pues permitió la acumulación y propagación de diversas contingencias de reforzamiento, y es que "Un organismo no puede adquirir un repertorio grande de conducta a través del condicionamiento operante en un ambiente no social" (Skinner, 1991, p. 73).

La práctica de buscar la explicación del lenguaje en el interior de la persona fue representada por la doctrina de las ideas (y su símil de las imágenes), en la cual se pensaba que se podía explicar una afirmación presentando las ideas que expresaba. Si una afirmación era extraña se debía a la novedad de la idea, si parecía vacía de significado, a la ausencia de éste, etc. El problema de esta práctica fue que no se podía observar independientemente a estas ideas, pues sólo se observaba la conducta que supuestamente las expresaba, mientras que las últimas permanecían inalcanzables. Skinner sostiene que el sucesor inmediato de la doctrina de las ideas fue el "significado", y más recientemente la "información", todos los cuales desalientan el análisis funcional de la conducta. "Una consecuencia desafortunada de esto es la creencia de que el habla tiene existencia independiente de la conducta del hablante. Las palabras se consideran como herramientas o instrumentos análogos a las fichas, los contadores o las banderas de señales que algunas veces se utilizan con fines verbales" (Skinner, 1981a, p. 17). Aunque la conducta verbal produce entidades objetivas, se debe diferenciar entre una actividad y las huellas que deja. La conducta verbal no es la "utilización de palabras", es el resultado de ciertas circunstancias.

El "significado" al igual que la "idea" explica un conjunto de palabras, en el sentido de que si se hubiera tenido que expresar un sentido diferente se tendría que haber usado otras palabras. El significado se extrae de una circunstancia, luego se lo asimila y posteriormente se puede transmitir, como si fuera una copia de la cosa. El significado es más una propiedad de las circunstancias generadoras de la conducta, que de la conducta misma, es decir de las variables independientes, y no de las dependientes, como generalmente se afirma. La ventaja del significado por sobre la idea radica en que el primero pueda encontrarse fuera de la piel, sin embargo determinarlo objetivamente es difícil. Cuando alguien aclara el significado de una oración a otra persona, con frecuencia sólo parafrasea esta última. Esta respuesta es útil para su interlocutor, pero no se explica una aseveración, parafraseando.
Skinner manifiesta que:  Sin duda, podemos definir ideas, significados, etc., en forma tal que sean científicamente aceptables e incluso útiles para describir la conducta verbal. Pero el esfuerzo por retener los términos tradicionales podría ser costoso. Es la formulación general la que está equivocada…La única solución es rechazar la formulación tradicional de la conducta verbal en términos de significado (Skinner, 1981a, p. 20).
Skinner al ser consistente con su postura de dar una explicación alternativa de la conducta verbal y cambiar la terminología tradicional, ha dificultado sin embargo quizás en mayor medida la aceptación de sus postulados.

"En una descripción conductual, la acción tiene una dirección totalmente inversa. Los hablantes no asimilan el mundo y lo expresan en palabras; más bien, responden a él de maneras que han sido moldeadas y mantenidas por contingencias especiales de reforzamiento" (Skinner, 1991, p. 55).

El lenguaje no es para Skinner un vehículo que expresa funciones cognoscitivas como pensamientos, ideas, etc., como tampoco constituye un orden de realidad ontológicamente distinto que el resto de las conductas humanas, no es tampoco un iniciador de conductas ni un reflejo de la actividad mental, por lo que es igualmente susceptible a un análisis operante. En este sentido "No se presupone que exista ninguna característica exclusivamente verbal, y los principios y métodos que se emplean están adaptados para el estudio de la conducta humana considerada como un todo" (Skinner, 1981a, p. 21).

El término "comportamiento verbal" es preferido a algunos términos tradicionales como por ejemplo "lenguaje", porque este último se relaciona con una cosa que se adquiere y posee, y que es en última instancia un instrumento para expresar significados, pensamientos, deseos, etc. El comportamiento verbal es entonces conductas que son función de las contingencias de supervivencia y reforzamiento, y que se refiere principalmente a la conducta individual.

Variación y Selección de la Conducta

La tradición skinneriana ha dado lugar a diversas ramificaciones teóricas. Pérez señala que "los nuevos conductismos (el empírico, el teleológico, el teorético, el biológico y el contextual) son de paternidad skinneriana, aunque de filiación edípica" (Pérez, 2003, p. 3). Según este autor estos nuevos conductismos resaltan más las diferencias con el conductismo radical en vez de asumir que están a su sombra, debido al mercado de la investigación científica y la implantación tecnológica no exenta de la lógica de marketing.

Skinner se propone explicar lo que los hombres hacen y sienten desde una perspectiva naturalista, reintegrando al hombre desde la clásica posición divina-espiritista a la naturaleza.

"Los hombres actúan en el mundo y lo cambian, y a su vez son cambiados por las consecuencias de sus actos" (Skinner, 1981a, p. 11). Lo que entraña que la interacción del individuo con su medio sea una relación bidireccional, donde ambos se modifican recíprocamente.

Las variables de las cuales el comportamiento de los organismos vivos es una función están en el ambiente, y corresponden a diversos procesos o mecanismos: contingencias de supervivencia, contingencias de reforzamiento y contingencias culturales.

La selección natural prepara a un organismo sólo para un futuro que se asemeja con el pasado selector. Esta limitación es corregida hasta cierto punto por las consecuencias seleccionadoras de las variaciones de las prácticas que surgen del reforzamiento positivo y negativo durante la ontogenia. La cualidad reforzadora del refuerzo es producto de la historia filogenética. Sin embargo, el condicionamiento operante también adolece de un problema: la selección debe esperar a la variación, que por lo general es lenta. Este problema es resuelto en parte por la evolución de procesos por los que los individuos aprovechan las conductas adquiridas por otros. Dentro de estas conductas está la imitación y el lenguaje.
At this point the human species appears to have taken a unique evolutionary step. Other species imitate, but if they model behavior to be imitated, it is only a product of natural selection. The consequence of modeling, the behavior of the imitator, is too remote to serve as an operant reinforcer. Only in the human species does the behavior of the imitator reinforce modeling (Skinner, 1990, p. 2)(1).
(1) En este punto la especie humana parece haber dado un paso evolutivo único. Otras especies imitan, pero si modelan el comportamiento a ser imitado, es sólo un producto de la selección natural. La consecuencia del modelamiento, la conducta del imitador, es demasiado remota para servir como refuerzo operante. Sólo en la especie humana la conducta del imitador refuerza al modelo.
Existe una tercera clase de variación y selección que es abordada relativamente en forma tardía por Skinner (Skinner, 1990, 1991), y que es la evolución cultural en que "...la supervivencia de una cultura es más que un resultado de contingencias de reforzamiento. La supervivencia de una cultura tiene lugar cuando las prácticas contribuyen a la supervivencia del grupo, y sobreviven con él" (Skinner, 1991, p. 74). Este tipo de evolución es ejemplificado con una comunidad de monos, cuyos miembros a través de la imitación logran lavar sus frutos, evitando con ello una enfermedad mortal lo que redunda en la supervivencia del grupo pero no es estrictamente una consecuencia reforzadora. La evolución cultural no es un proceso biológico, pero consta del mismo problema que la evolución biológica, ya que la cultura prepara a un grupo para un mundo que se asemeje a aquel mundo donde se desarrolló tal cultura.

El que los procesos de variación sean al azar y la selección accidental ha hecho que:
What evolved is not a single slowly developing species but millions of different species, competing with each other for place in the world. The product of operant conditioning is not a single coherent repertoire but thousands of smaller repertoires, conflicts among which must somehow be resolved. The evolutions of social environments has produced not a single culture but many often conflicting ones (Skinner, 1990)(2).
-(2) El producto de la evolución no es un único y lento desarrollo de las especies, sino el de millones de especies diferentes que compiten por un lugar en el mundo. El resultado del condicionamiento operante no es un único y coherente repertorio, sino miles de más pequeños repertorios en conflicto entre sí, asunto que se debe resolver de alguna forma. La evolución de ambientes sociales no ha producido sólo una cultura, sino muchas que están en conflicto.
En el análisis experimental de la conducta habrá vacíos temporales, pues las conductas y condiciones de las cuales la conducta es función, no ocurren con una proximidad de tiempo o espacio. Estas brechas inevitables en toda explicación conductual están presentes "…una entre la acción estimulante del ambiente y la respuesta del organismo, y otra entre las consecuencia y el cambio obtenido en la conducta" (Skinner, 1991, p. 42). Esta conexión la podrá establecer la fisiología, pero lo sentido introspectivamente no es parte de esa laguna temporal a llenar en un análisis histórico. En todo caso la fisiología y la anatomía podrían hipotéticamente dar cuenta del mundo interno de las personas, sin embargo, no se encuentran tan avanzadas actualmente, y el comportamiento externo es más fácilmente observable y modificable. Sin embargo, se han efectuado muchos intentos explicativos sobre la base de hipotéticos mecanismos fisiológicos, que han dado pie a la divagación, lo que más bien ha obrado como distractor, ya que se han ignorado las variables ambientales.

Es necesario tener siempre en cuenta que "las variables de las cuales la conducta humana es una función se encuentran en el medio ambiente" (Skinner, 1981b, p. 104), y pueden diferenciarse en:

1. La acción selectiva de ese medio ambiente durante la evolución de la especie.

2. Su efecto en el moldeo y en el mantenimiento del repertorio conductual que convierte a cada miembro de la especie en persona.

3. Su papel como la ocasión actual en la cual ocurre la conducta.

Libertad, Determinismo y una Nueva Ofensa al Narcisismo
"The goal of Skinner's science is the control, prediction, and interpretation of behavior- a goal believed to be attainable because of the assumed lawfulness of behavior" (Holland, 1992, p. 665)(3). El hecho de que Skinner trate a la conducta como la resultante de ciertas leyes, o sea como una variable dependiente, ha sido un verdadero golpe a la concepción clásica-religiosa de hombre, comparable con las afrentas que la investigación científica ha obrado sobre el narcisismo (Freud, 1997).
(3) La meta de la ciencia de Skinner es el control, predicción, e interpretación de la conducta-una meta que se cree posible debido a que se asume que la conducta está sujeta a leyes.
Según Freud, la primera de estas heridas se debe a la demostración de la equivocación de la tesis geocéntrica, con lo que el hombre perdió su condición de centro del universo. La segunda ofensa fue el tomar conciencia de que el hombre no es el inmortal hijo de Dios que se encuentra separado de los animales en virtud a su inteligencia, sino que también es un animal que ha evolucionado de otros. La tercera afrenta fue hecha por el psicoanálisis, a saber, que el yo no es dueño en su propia casa debido a que la mayoría del comportamiento está determinado por causas de orden inconsciente. Haley "ha sugerido que un cuarto golpe ha sido la afirmación de que la "causa" de su comportamiento no está siquiera situada en el interior sino en el contexto exterior; vale decir, que la unidad es más amplia que el individuo" (Madanes, 1993, p. 190). Este nuevo golpe dado por la teoría sistémica no es otro que el dado por el mismo Skinner, quien al mostrar que el hombre no es autónomo, en el sentido de que su comportamiento surge por generación espontánea afectó especialmente a las antiguas ideas de libertad y dignidad (Skinner, 1973).

La denominada "literatura de la libertad" induce a las personas a escapar o atacar a quienes los controlan aversivamente. Para tal fin pone de relieve las condiciones aversivas, identificando el agente controlador responsable (tiranos, curas, capitalistas, etc.). Este tipo de literatura ha contribuido a la desaparición de prácticas aversivas, lo que ha redundado en una mejora de las condiciones sociales. Sin embargo, debido a que se ha centrado en el sentimiento de libertad y en los estados mentales ha ignorado el hecho de que son ciertas contingencias las que han suscitado la probabilidad de una conducta y al mismo tiempo han generado condiciones susceptibles de experimentarse subjetivamente, por tanto "La libertad es cuestión de contingencias de refuerzo, no de los sentimientos que las contingencias originan" (Skinner, 1973, p. 53).

Al haber descuidado el estudio de las contingencias de reforzamiento, el control a base de refuerzos positivos ha pasado inadvertido. De modo que cuando una persona hace lo que quiere o desea, se dice que tal acción surge espontáneamente y que es resultado de una entidad llamada voluntad. Por otra parte muchos controles son aversivos, como por ejemplo los que utilizan las instancias de control social (el gobierno y la ley, la religión, psicoterapia, control económico, y la educación) (Skinner, 1974). Este tipo de control se ha generalizado, y se ha afirmado en consecuencia que todo control es malo y que debe evitarse. Estos hechos -el desconocimiento del operar del reforzamiento positivo, y el rechazo a todo control del hombre por el hombre- conllevan a la renuncia de muchas prácticas sociales que son esenciales para el bienestar de la especie, que implican y exigen el control interpersonal.

El conductismo radical también ha sido acusado de rebajar o acabar con la dignidad humana. Esto se debe según Skinner a que la dignidad o valor de una persona disminuye al tener evidencia de que su conducta se debe a circunstancias previas, y no a su voluntad. Así, no se reconocen los méritos a las personas cuyas obras se deben a fuerzas sobre las que no ejercen control, o sea cuando sus causas son evidentes. El problema de la libertad se relaciona con el refuerzo negativo, mientras que la dignidad con el refuerzo positivo. Sin embargo, tiende a no elogiarse la conducta que se atribuye a refuerzos positivos, por ejemplo no se aprecia a quien solo trabaja para buscar aprecio. Se elogia a una persona cuando las causas de su actuar no son claras para el observador, más aún se valora a una persona que se comporta de un modo diferente a lo que se esperaría por las circunstancias o se valoran conductas para las que se tiene razones claras para comportarse de modo diferente, por ejemplo el célibe, y es que "permanecemos como en un éxtasis ante lo inexplicable, y no es, por tanto, sorprendente el hecho de que muy probablemente admiremos más cierta conducta cuanto menos la entendemos" (Skinner, 1973, p. 71). Y lo que no se entiende se vincula con el hombre autónomo.

Los avances tecnológicos en física y biología han disminuido la probabilidad de elogiar a las personas, pues cada vez hay menos trabajos pesados, peligrosos o heroicos que realizar. La tecnología de la conducta no avanza tan rápido como la tecnología física o biológica, presumiblemente porque amenaza demasiadas cualidades del hombre autónomo. Los defensores de la dignidad humana protestan porque la ciencia va reemplazando a este hombre autónomo en la medida que logra un mayor conocimiento y control sobre la naturaleza, o en otras palabras abandona los mitos por conocimiento positivo. Estos defensores no reparan en que este conocimiento y control sobre la naturaleza es precisamente uno de los mayores logros del hombre, que sin lugar a dudas merecen el mayor de los elogios.

Las Utopías Sociales

El verdadero problema para Skinner estriba en liberar al hombre de ciertas clases de control, no de todo control, pues esta es una pretensión sin fundamento que implica renunciar a los esfuerzos tendientes a la instauración de una sociedad más justa y que propicie el desarrollo de la diversidad humana. Sobre la base de lo antedicho puede comprenderse a cabalidad Walden Dos (Skinner, 1968), obra en que se describe una pequeña comunidad utópica norteamericana, cuyo funcionamiento se basa en la aplicación de los principios del condicionamiento operante, por medio de los cuales la conducta de sus miembros es controlada conscientemente por programas de refuerzo positivo tendientes al bienestar tanto individual, colectivo y ecológico, constituyéndose en una alternativa "real" para el aquí y ahora. A esta obra de Skinner siguió Walden Tres (Ardila, 1979), en donde la utopía ya no transcurre en una pequeña comunidad, sino que acontece en un país entero, Panamá, por lo que se debe planificar el funcionamiento total de las instancias sociales como la familia, economía, educación, política, etc.

La utopía dejó de ser utopía, ya existen comunidades que han optado por vivir aplicando las leyes del análisis funcional de la conducta, y que han tenido éxito en la empresa. Ejemplo de esto es la Comunidad de Los Horcones en México (Los Horcones, 2003a, 2003b). Estas comunidades corresponden en mayor o menor medida a un Walden Dos, que goza de la ventaja de ser más controlable y, por tanto, más susceptible de modificaciones que un Walden Tres. Quizá un Walden Tres globalizado sea necesario para la futura sobrevivencia de un planeta acosado por múltiples problemas, sin embargo, el peso del mundo sobre Atlas puede ser excesivo y el paso desde la tierra prometida al infierno transitar por aquel sendero empedrado de nobles intenciones. Quizá sólo sea una cosa de tiempo, y es de esperar que para entonces la ciencia de la conducta haya avanzado bastante para no errar el camino.

Por último cabe comentar algunos elementos que han contribuido al rechazo del conductismo. Uno de aquellos es una cierta conciencia psicológica anticonductista, preexistente al surgimiento del propio conductismo, basada en el "error fundamental de atribución", que consiste en la afirmación de que la consciencia y el entendimiento son agentes causales en la secuencia comportamental debido al carácter resaltante de la acción-saliendo-del-sujeto (Pérez, 1992).

Otra de las razones por las cuales se ha rechazado al conductismo radical, es porque este ha sido capaz de identificar las variables responsables del control de la conducta humana, amenazando el lugar hegemónico de instancias de control social, las cuales buscaron acallar una voz que ofrecía una liberación al control más o menos aversivo que ellas ejercían. Es decir el conductismo se erigió como una instancia antiideológica al ser contraria al mantenimiento del statu quo (Dorna & Méndez, 1979). De esta forma "El conductismo, como un Prometeo del siglo XX, debe ser castigado ejemplarmente por traspasar una chispa de inteligencia a los humanos, al identificar y hacer públicas las formas de control del comportamiento, siendo especialmente grave sus aportes a la desmitificación del comportamiento privado o subjetivo" (Luzoro, 1998, p. 127).

El largo y espinoso camino que ha debido recorrer el conductismo radical enfrentando los escollos del pensamiento tradicional fue vaticinado por Watson, quien afirmó que "Para aceptar el conductismo, plena y libremente, se requiere de un desarrollo lento -el abandono de antiguos hábitos y la formación de nuevos. El conductismo es un vino nuevo que no puede envasarse en odres viejos" (Watson, 1961, p. 298).


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Ref. Scielo.cl, Psykhe 2005, Vol. 14, Nº 1, 79 - 87. mayo 2005
http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22282005000100007
Autor: Alejandro Pool. Departamento de Psicología. Universidad de Chile. Chile.
Referencias:
-Ardila, R. (1979). Walden Tres. Barcelona: CEAC.
-Ardila, R. (1992). Walden Dos y Walden Tres: Utopías psicológicas y planeación del futuro. En J. Gil, M. Luciano & M. Pérez (Eds.), Vigencia de la obra de Skinner (pp. 325-339). Granada: Ed. Universidad de Granada.
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