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sábado, 18 de marzo de 2017

Lecturas de la Teoría Republicana (1)

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Lecturas de la Teoría Republicana:
El gobierno de la ley y la construcción de la ciudadanía desde la mirada de Maquiavelo, Montesquieu y Rousseau
Por Lorena Schefer


I. Consideraciones iniciales
-«...el régimen más estable será aquel que funde la libertad de la ciudad sobre la libertad de todos los individuos, el que de cabida institucional a la división social y no la resuelva en la dominación de un grupo por otro...» (Hilb, 2002: s/d)
Este breve trabajo pretenderá aunque no sea más que de forma exploratoria, responder a los principios esenciales que hacen y dotan de real importancia a la Teoría Republicana. Para encarar este trabajo, es necesario responder a la pregunta guía ...
Maquiavelo, Montesquieu y Rousseau (Wikipedia)
¿Qué es el Republicanismo?, a partir de lo cual se comprenderá que la teoría republicana no es uniforme, ya que en su interior conviven posturas que difieren alrededor de ciertos conceptos clave, aunque no por ello estamos frente a planteos contradictorios o excluyentes. Por dicha razón nuestra intención es realizar un acercamiento inicial y general de lo que la teoría Republicana representa y significa, para luego ahondar en dichos planteos y encarar una lectura más detallada de los principales postulados de autores republicanos. En este sentido, radicaremos nuestra atención exclusivamente en la Teoría Republicana y por amplia que ésta sea, se intentará abordar dicho corpus teórico, aludiendo aunque sea en forma fugaz a las diferencias entre un republicanismo de raíz aristotélica y el denominado republicanismo clásico romano, así como también a los conceptos primordiales que sirvan de sustento a esta teoría.

El Republicanismo, retomando a Funes (Funes, s/d), es un criterio acerca de las formas del régimen político, lo cual implica que esta teoría pretende y encara una explicación en relación con el ordenamiento de la ciudad, siendo ésta última el escenario y el elemento clave para la teoría republicana. Ahora bien, la ciudad se presenta como el conjunto, como la pluralidad de ciudadanos, en tanto hombres políticamente libres, quienes hacen más que sólo vivir en dicha comunidad política común a todos, debiendo participar en forma activa en la ciudad, para así llegar a ejercer la ciudadanía.

Veremos que para el republicanismo hay ciertos conceptos esenciales como el de ley, libertad, ciudad, bien común, política, res pública, conceptos que además de conferir coherencia a dicha teoría, se relacionan entre sí de manera que el ideal republicano, que es el de evitar la dominación de unos sobre otros, pueda comprenderse y materializarse.

No menos importante será el concepto de Poder, el cual es concebido en una forma casi contradictoria, en tanto se presenta como el equivalente del concepto de Libertad, ya que todos los ciudadanos forman parte y participan de ambos, perteneciendo la última a todos los ciudadanos y el primero a ninguno de ellos en particular sino a todos ya que es público y a la vez se presenta como elemento de posible conflicto siendo que justamente lo opuesto a la libertad viene a ser la dominación, el intento de apropiarse del poder y someter a otros, desapareciendo así toda libertad.

II. Desconcentración vs. Multiplicación: ¿Posible contradicción en el ejercicio del poder?
«... el despotismo es concentración, unificación de poder; la libertad, por el contrario, asume en el republicanismo la forma de una dispersión, o mejor una multiplicación de los poderes de la ciudad...» (Funes, 2003: 21)
La finalidad de la constitución republicana es organizar el Poder con el objetivo de garantizar y resguardar la libertad política de los ciudadanos, siendo la correcta disposición y organización de las leyes el medio para lograr dicho fin, evitando justamente la apropiación del poder y por ende la dominación, o sea la no-libertad, la negación de toda posibilidad de libertad.

Desde la Antigüedad sólo eran posibles dos formas de organización de la polis, excluyentes una de la otra, la comunidad entre desiguales, o sea despoteia y la comunidad de iguales, denominada politeia. En este sentido, los distintos autores republicanos encaran el tema de la igualdad a partir de una concepción activa de la vida, ya que los hombres en tanto ciudadanos deben actuar y participar activamente en la vida política de la ciudad para así poder ser hombres libres e iguales entre sí, radicando dicha igualdad en el ejercicio del poder, poder que por ser público no pertenece a nadie pero a la vez pertenece a todos por igual en tanto ciudadanos.

Para el republicanismo la igualdad sólo existe en la vida pública y no en el ámbito privado, ya que sólo en el primer espacio los hombres ejercen su ciudadanía y pueden disfrutar de su libertad política, lo que introduce una temática de real importancia: la existencia de pluralidad (1), de diferencia, que no es ni debe pensarse como equivalente de desigualdad. Esta pluralidad reconoce la potencial diferencia entre cada uno de los ciudadanos, a la vez representa el rechazo del republicanismo a concebir al Pueblo como unidad política.
(1) Esta concepción difiere de lo que plantea la teoría democrática, en tanto como sostiene Schmitt, para ésta última habría una suerte de homogeneidad y de identidad, pensándose al pueblo como unidad política, dándose uniformidad y relegando la noción de diferencia y particularidad.
La anterior explicación viene a dilucidar el porqué de la desconfianza del republicanismo de un concepto como es el de Soberanía, ya que ésta es concebida como concentración de poder y dicha concentración no hace más que dar forma al gran enemigo del republicanismo, la dominación, por lo cual también la soberanía será una cuestión a evitar por todos los medios.

II. a. El gobierno de la Ley: Rol del conflicto y la naturaleza del hombre
«...la ley resguarda nuestra libertad no sólo ejerciendo coerción sobre otros individuos, sino también ejerciendo una coerción directa sobre cada uno de nosotros para que actuemos de una manera determinada...» (Skinner, 2004: 109)
Retomando lo antedicho, el republicanismo pretende evitar a toda costa la dominación en tanto concentración de poder, razón por la cual la idea de soberanía del pueblo aparece como una situación indeseable por la connotación de monopolización del poder que ésta encierra, a lo que se suma el rechazo de pensar al pueblo como unidad, como cuerpo uniforme; reconociéndose al interior de la comunidad política, la diferencia, la particularidad, la singularidad, en la cual radicará la salud y la estabilidad del régimen político. Sin embargo, la diferencia encierra algunos peligros para dicho régimen, ya que el hombre es pensado como un ser que tiende naturalmente a pensar en sí mismo antes que en el interés colectivo.

En este sentido, el republicanismo intentará responder un interrogante primordial para poder garantizar y resguardar la libertad política de la ciudadanía, lo que consecuentemente implica evitar la apropiación y los intentos de apropiación del poder. Para autores como Skinner, la pregunta del republicanismo radica entonces en ¿cómo persuadir al ciudadano de naturaleza egoísta a actuar de manera virtuosa? (Skinner, 2004: 109) interrogante que encuentra su respuesta en la opción de desconcentrar el poder para así evitar su usurpación sea por uno o por muchos con el objetivo de dominar al otro.

Consecuentemente, el republicanismo parte de la premisa general de que los hombres son seres pasionales que necesitan de un estricto control, sin el cual caerían en la eterna búsqueda y persecución del poder, existiendo en este punto un margen de amplitud, que va desde la concepción maquiaveliana de los hombres como seres malos en general, a la visión más sutil de pensar que los hombres tienden a seguir sus pasiones lo que hace necesario un control externo y el cultivo de ciertas virtudes al interior del ciudadano.

Esta tendencia pasional de los hombres implica que éstos siempre intentarán alcanzar la consecución de sus intereses particulares, priorizándolos por sobre el ideal republicano del espacio público, único ámbito en el cual se persigue y se consagra el Bien Común y la sociedad política entera vela por el bienestar general, dejándose de lado las particularidades. De aquí nace la necesidad de encauzar y controlar el «...deseo perpetuo e insaciable de poder tras poder, que sólo cesa con la muerte...» (Hobbes, 2006: 106), objetivo que podrá ser cumplido a partir del control interno y externo del ciudadano.

Para poder organizar un régimen republicano debe considerarse la esencia egoísta del hombre y su deseo de poder, así como también la convivencia en la sociedad política a partir de los intereses diversos, haciéndose hincapié en la pluralidad de los hombres, en sus diferencias, en el potencial de cada ciudadano a la hora de garantizar un régimen de libertad. La concepción de la sociedad como eminentemente dividida en distintos grupos sociales, va desde Aristóteles a Maquiavelo, quienes argumentarán que para gobernar la polis hay que recordar que hay dos sectores opuestos que conviven, los ricos y los pobres, pocos los primeros y numerosos los segundos, quienes se mueven por intereses y pasiones diferentes. Ahora bien, de la diferencia entre estos dos sectores y la disputa constante por la apropiación del poder, nace el elemento que dará vida a la república y a la política, el conflicto como motor de la participación en la vida pública y por lo tanto como eje de la libertad.

El conflicto es esencial para el republicanismo, siendo innegable su importancia a la hora de conservar la libertad política, ya que éste es un instrumento que potencia la participación y el fortalecimiento de la ciudadanía en tanto pertenencia a una comunidad política, convirtiéndose en la fuente de fortaleza del espíritu ciudadano y de las virtudes cívicas. El conflicto que nace de las diferencias agrega la dosis que permite explicar el crecimiento y la grandeza de una polis, en tanto promueve la preocupación y el compromiso ciudadano con los asuntos públicos, teniendo el conflicto un rol preponderante en el devenir de la política, debiendo éste ser encauzado por los medios legales establecidos y no eliminado o negado, ya que de ese modo se negará la política, la libertad y la igualdad, siendo indiscutible entonces que «...toda legislación favorable a la libertad es producida por el choque entre las clases y así que el conflicto de clase no es el disolvente sino el cimiento de una comunidad...» (Skinner, 1985:207).

Sin embargo, si bien la libertad se funda en el conflicto y en las diferencias, no por ello se debe olvidar la particularidad del ciudadano, sino que por el contrario el régimen republicano basa su estabilidad y fortaleza en la potencia de dichas diferencias y así como para evitar la dominación se debe desconcentrar el poder para que no caiga en manos de nadie, a la vez se debe potenciar y multiplicar el poder de la ciudad, para que todos y cada uno de los ciudadanos sean parte y disfruten del ejercicio del poder con vistas a resguardar la libertad de cada uno y de la ciudad en sí.

La libertad por lo tanto no puede depender ni ser garantizada por ningún particular y encontrándose el elemento que la motiva en la participación, el debate y el conflicto que éstos generan en la polis, permite concluir que «...la libertad política no se sostiene en una noción sustantiva e indivisa del Bien sino en el equilibrio políticamente virtuoso de la diferencia, en la no-dominación de una parte sobre otra...» (Hilb, 2002: 5). Evidentemente, este disfrute no puede ser garantizado por los hombres quienes por su esencia querrán apoderarse del poder, por lo cual se hace necesaria la presencia de la Ley como un elemento externo a los hombres, convirtiéndose el republicanismo en el denominado «gobierno de la ley».

Entonces, como los hombres son poco propensos a cuidar su libertad y la de la comunidad, es innegable la necesidad del gobierno de la Ley y de todos sus aspectos disuasivos y coercitivos, ya que así como «...el hambre y la pobreza hacen ingeniosos a los hombres (...) las leyes los hacen buenos...» (Maquiavelo, 2000: 41). La fuerza de la ley deviene en la comunidad a modo de resguardo de fuerzas externas los intentos de dominación, pero también se efectiviza su uso para con los propios ciudadanos, cumpliendo el cometido de «...obligarnos a cambiar nuestros habituales patrones de conducta egoísta, para obligarnos a cumplir con todos nuestros deberes cívicos, y de este modo asegurar que el Estado libre del cual depende nuestra libertad permanezca en sí mismo libre de servidumbre...» (Skinner, 2004: 109), ya que para el republicanismo existe una relación directa entre la libertad del ciudadano y de la comunidad política a la que pertenece por un lado, y entre la dominación externa y la libertad interna de dicha comunidad por otro lado.

La ley debe organizar el poder para evitar la dominación y garantizar la libertad de la ciudadanía, razón por la cual se debe velar por la desconcentración del poder y el funcionamiento de las instituciones republicanas, de modo que predomine el interés común y la voluntad general por sobre el interés y la voluntad particular. De la ley nace la libertad del ciudadano, pero justamente el ciudadano es tal en tanto forme parte de una comunidad política, o sea participe activamente y se comprometa con dicha comunidad, sólo así puede ser un ciudadano libre.

Ahora bien, puede preguntarse ¿cómo surge la ley y donde radica su legitimidad para que el ciudadano deba obedecerla?, y si el ciudadano debe obedecer, ¿no se encuentra minada su libertad en tanto debe obedecer a un elemento extraño y externo a su ser?. Ahora bien, el republicanismo es por excelencia el gobierno de la ley, pero también es el «gobierno sometido a la ley», por lo cual quienes elaboren la ley también están obligados a cumplirla, radicando la legitimidad de la ley en su propio origen, o sea en su momento de elaboración.

En el régimen republicano las leyes son comunes por ser el resultado de la discusión pública, del debate, de la resolución y por lo tanto del compromiso político de los ciudadanos con el bienestar de la comunidad en su totalidad, ya que la república es el régimen de los hombres libres, radicando en dicha libertad su igualdad como ciudadanos, status que les permite y les exige como contrapartida la participación en la cosa pública. Como todos y cada uno de los ciudadanos participan y forman parte de la ley que han ayudado a elaborar, es un requisito indispensable que los éstos también obedezcan dicha ley, primero porque su legitimidad radica en dicho proceso de debate, discusión y elaboración de la ley del cual el ciudadano formó parte, y segundo, porque ese proceso que ocurre a la luz pública es esencial garantía de que dicho marco legal tiene por objetivo el bien común y no los intereses particulares. Por esta razón, es exclusivamente la «...república el régimen de la coexistencia entre hombres que se reconocen mutuamente como iguales en su singularidad, como iguales en su condición de diferentes, como iguales en su libertad...» (Funes, s/d).

Ahora bien, teniendo en cuenta la presencia de un cierto pesimismo antropológico en el republicanismo, se deben tomar ciertos recaudos que fomenten el espíritu ciudadano en el hombre, ya que debido a la diversidad entre éstos y la presencia de un potencial conflicto, será necesario cultivar ciertas virtudes cívicas que no son naturales en el hombre, por lo cual su influencia será externa.

Por lo tanto, se concibe a la ley como medio para institucionalizar el conflicto, sin el cual la república no podría sobrevivir, ya que su objetivo es salvaguardar la libertad política y organizar el poder de manera de evitar su concentración y por ende la soberanía en tanto dominación. De esta forma, puede entenderse a la ley como fuente de libertad y en cierto sentido como depositaria de la soberanía, no concentrada en el pueblo, sino depositada en el cuerpo legal nacido de la deliberación pública.

Por ser la ley de origen público, cuyo objetivo es evitar priorizar los intereses privados por sobre el bien general, se permite consagrar la obediencia a un mandato legal, único capaz de sostener la libertad ciudadana. Lo que puede parecer una contradicción para otras corrientes, como ser el liberalismo, que en términos generales afirma que cualquier interferencia, sea legal o no, a los intereses y a libertad individual es una afrenta a dicho status, como el republicanismo piensa en términos de diversidad y no de unidad, la Ley que permite la plena autonomía y autorrealización del hombre, encuentra su legitimidad en la misma libertad que ésta otorga en tanto participación en su elaboración. Sólo obedeciendo el producto de las propias deliberaciones y decisiones se estará obedeciendo a uno mismo y sólo así se será plenamente libre.

Habiendo explicado brevemente los principios republicanos, se intentará abordar los postulados de distintos autores para captar su esencia individual, aunque al interior del republicanismo se pueden encontrar diferentes posturas muchas veces encontradas entre sí, vislumbrándose en ciertos autores fachadas de teorías como el Liberalismo o la Democracia.



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Ref. Revista Margen. Edición Nº 56, diciembre 2009
Autora: Lorena Schefer. Licenciada en Ciencia Política. Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires

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