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martes, 28 de marzo de 2017

La ansiedad de vivir

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Hoy día existe una aceleración de los términos en los que se escribe la vida, una ansiedad por vivir cualquier cosa que venga a mano sin reparar en medios, eventos, fama, viajes, "los 100 museos que debes ver antes de morir", "los 100 lugares más hermosos de la tierra", "los 100 libros que deberías leer ...", etc. ¿En qué momento se perdió el saber vivir?

Si viene a bien, la gente se apunta a un bombardeo, "vaya a ser que explote una bomba y no esté allí para hacer la foto". El caso es dejar huella, el concurso de moda, sea para cantar, bailar, hacer el payaso, hacer el ridículo, es igual, "el caso es salir en la tele y que todos sepan de mi loco paso por este mundo", y hacerlo ya. La ansiedad galopante se ha convertido en signo y malestar de nuestros tiempos.

Se está promoviendo una corriente de pensamiento de una vida fugaz, de consumo frenético de sensaciones vitales, donde todo hay que vivirlo más rápido, "que la vida son dos días..." Como dijera Segismundo pensando en su suerte en la vida, en el primer acto de la obra de Calderón de la Barca, 'La vida es sueño':
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.
No hace tanto tiempo, a los jóvenes ansiosos por las aventuras se les tranquilizaba diciendo, "tranquilo, ya tendrás tiempo de vivirlo, la vida es larga..." Empero eso hoy no parece creíble, los jóvenes van pasando de poseer todo tipo de cosas y artilugios al siguiente paso, ha vivirlo todo. Quieren atesorar cosas y experiencias a velocidades que en otros tiempos costarían toda una vida.

Hay muchos condicionantes que han ido influyendo para crear una mentalidad de rápido consumo, de la experiencia de 'usar y tirar', tal vez una educación sin destino práctico, sin norte laboral, el descreimiento ante un sistema que te abandona a tu suerte, de un sistema que exprime a la gente mientras los vividores de siempre salen triunfantes, el aumento de una cultura laica mal entendida que no ofrece alternativas éticas ni valorativas, únicamente un relativo 'sálvese quien pueda'. Los niños y mayores están necesitados de las últimas tecnologías para que rellenen de sensaciones continuas su frenético pervivir y en una continua evitación del aburrimiento.

La ansiedad se ha apoderado de la vivencia. Se han olvidado los criterios de un saber vivir sereno y en paz. Un vivir deliberativo, reflexivo, que no necesita consumirlo todo para sentirse pleno en la vida, porque la atención está en las pequeñas o en las grandes cosas, pero con la mirada consciente del que observa el devenir... En pocas palabras, saber estar con uno mismo.

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por Pedro Doanire

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