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miércoles, 18 de enero de 2017

La Metáfora en la Filosofía, de Stephen Pepper

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La Metáfora en la Filosofía
por Stephen C. Pepper

INTRODUCCIÓN
1. Uso especial de la metáfora en Filosofía.
La metáfora en la filosofía se puede distinguir de la metáfora en la poesía por ser ante todo un dispositivo explicativo más que un dispositivo estético. Su función explicativa es ayudar a la clarificación conceptual, la comprensión o la noción de un pensamiento filosófico, de un problema o de un área de materia filosófica, o incluso de un sistema filosófico total. Sin embargo, la frontera entre el uso estético y el explicativo de la metáfora es ciertamente vaga. Un filósofo puede incluso elegir deliberadamente una metáfora por su vivacidad estética e impacto (como el elan vital de Bergson o el flujo de la conciencia de William James y, notoriamente, los místicos), pero la cuestión de la relevancia filosófica de la metáfora depende de su función explicativa. ¿Contribuye a la comprensión de la filosofía?


Hay usos relativamente superficiales de la metáfora en la filosofía, y hay usos penetrantes. Los usos superficiales ocurren cuando las figuras del discurso se dispersan a lo largo de las páginas escritas para vivificar alguna otra concepción inusual, y se abandonan cuando se aprecia la concepción. Pero cuando el uso de la metáfora es penetrante, puede no desaparecer nunca completamente, incluso después de que se ha ritualizado y mitigado bajo un vocabulario técnicamente aceptado dentro de una escuela filosófica.

Se ha advertido con frecuencia que un nuevo modo de pensar o una nueva escuela de filosofía, conforme está emergiendo y encontrándose, tiende a expresarse en el lenguaje figurativo. Esto es inevitable antes de que se desarrolle un vocabulario técnico con definiciones claras y designaciones específicas. Generalmente, esta tendencia preliminar debe ser considerada como un uso superficial de la metáfora en la filosofía. Pero es el uso más penetrante el que merece más atención.

A este respecto, el término "metáfora" no debería tomarse por una definición demasiado literal, de acuerdo con la definición que se encuentra a menudo en los libros elementales sobre la prosodia. No es solamente un símil con la preposición "como" omitida. Es, más bien, el uso de una parte de la experiencia para iluminar a otro, para ayudarnos a entender, comprender, incluso intuir o entrar en el otro. El elemento metafórico puede, finalmente, ser absorbido por completo en la ‘metáfora de’. Un único elemento que, como suele explicarse, se "reduce" al otro. La paradoja de una metáfora es que parece afirmar una identidad y también negarla a medias. "Todas las cosas son agua", parecía decir Tales. En este dicho estaría afirmando una identidad y, sin embargo, reconociendo que su no obviedad, y lo que es más obvio es la diferencia. Él estaba reclamando una visión más allá de la visión convencional de las cosas. Le corresponde a él mostrar cómo puede justificarse tal identidad. Lo mismo sucede con Lucrecio, que identificaba todas las cosas con los átomos y el vacío, y con muchos otros filósofos, y los modos de identificación de toda la realidad con algún aspecto general.

2. La Teoría de raíz metáfora.
El pensamiento estaba obligado, más pronto que tarde, a presentar esa metáfora que en el sentido anterior era el modo característico de desarrollar las teorías filosóficas. Tal vez la primera expresión enfática de este pensamiento está en la discusión de Francis Bacon de los "ídolos", en particular, “el ídolo del teatro", que describía la tendencia del hombre a desarrollar sistemas completos en el lenguaje del mito y la fantasía, más allá de los datos de observación. Él estaba pidiendo un método de conocimiento empírico sólido, en términos de una recolección de instancias diversas a fin de extraer la "forma" que los mantenía unidos. Su intención era menospreciar el uso de las metáforas, y prácticamente excluir su uso en las hipótesis como medios de conocimiento, aunque las reconocía como "anticipaciones de la naturaleza". Sin embargo, en los últimos tiempos, con una concepción más generosa en el uso de las hipótesis como instrumentos de construcción del pensamiento científico y filosófico, la concepción metafórica del origen y desarrollo del pensamiento filosófico ha sido revivida sin ninguna connotación peyorativa.

En las “Hipótesis del Mundo” (1942), este punto de vista se denomina "la teoría de la metáfora raíz". En sí misma es una hipótesis sobre el origen y el desarrollo de las escuelas de filosofía o, más concretamente, de las hipótesis mundiales. Las hipótesis del mundo se distinguen de hipótesis más limitadas de las ciencias especiales por ser "irrestrictas" en su materia, o por el alcance de la evidencia que se espera cubran tales hipótesis. Una hipótesis óptica puede rechazar como irrelevante cualquier elemento que no tenga en cuenta los fenómenos o leyes de la óptica, como sería el caso de tantas observaciones en acústica, geología, astronomía, lingüística o psicología social. Pero una hipótesis mundial no puede ser exclusiva de esta manera, pues no podría eludir un grupo de elementos que no parecerían encajar muy bien en su sistema, al declararlos fuera de su campo o ser irrelevantes. Todo es relevante para una hipótesis mundial.

La teoría de la metáfora raíz gana una buena dosis de credibilidad si se persuade que los métodos para derivar los sistemas filosóficos desde sus afirmaciones de certeza (como la infalibilidad, la evidencia personal o los datos indubitables e incorregibles) han resultado poco fiables. Una vez que se han abandonado los métodos de filosofar desde unas supuestas ciertas bases de conocimiento, los métodos para buscar un conocimiento probable a través de hipótesis, y su confirmación, se vuelven aceptables. Este es el punto de partida para la teoría de la metáfora raíz del pensamiento filosófico.

El problema, entonces, surge de cuáles son las fuentes de las hipótesis del mundo. La sugerencia es que las hipótesis del mundo se inicien como una hipótesis de marco cotidiana del hombre a fin de resolver algún problema práctico desconcertante. El hombre revisa su experiencia pasada, buscando una situación análoga que pudiera aplicarse a su problema actual. Del mismo modo, un filósofo, perplejo acerca de la naturaleza del universo, busca una experiencia significativa que parezca ser una buena muestra de la naturaleza de las cosas. Esta es su metáfora raíz. Analiza su muestra, selecciona sus elementos estructurales y los generaliza como conceptos rectores para una hipótesis mundial de alcance ilimitado. Este conjunto de conceptos se convierte en el conjunto de categorías de su hipótesis del mundo.

Si una hipótesis del mundo resulta fructífera en su aplicación a los variados elementos del mundo, será adoptada por otros hombres, y se creará una escuela de filosofía dedicada al desarrollo de esta teoría del mundo (Weltanschauung). Sus categorías serán refinadas y modificadas para hacerlas tan adaptables como sea posible a la gama total de los hechos del mundo a los cuales se aplica. La misma metáfora raíz será refinada por este proceso. Se irá desarrollando un dar y recibir entre las categorías y los hechos a los que se aplica. Las categorías se modifican para ajustarse a los hechos, y los hechos se interpretan en términos de las categorías. Los filósofos de tal escuela percibirán entonces los hechos como que están estructurados por sus categorías, y los hechos primarios, en términos de sus categorías, vendrán a parecer a estos filósofos como indudables. Entonces, puede llegar a ser casi imposible desautorizarlos de la certeza de los fundamentos de su filosofía, salvo que se introduzca una teoría del mundo alternativa, pero igualmente construida y justificable con otro conjunto de categorías que da una interpretación diferente de los hechos, y un grupo diferente de aparentes indudables .

Sin embargo, sólo un número limitado de conjuntos categoriales, de acuerdo con esta teoría de la metáfora raíz, han demostrado ser lo suficientemente fructíferos para adquirir una interpretación relativamente adecuada de todo el alcance de los hechos del mundo. La posición que sostenía ‘Las Hipótesis del Mundo’, hasta el momento de su publicación, era que las metáforas raíz fructíferas podían reducirse a cuatro:
(1) Formismo, basado en la metáfora raíz de la similitud o la identidad de una sola forma en una multiplicidad de ejemplos particulares;
(2), Mecanicismo, basado en la metáfora raíz del empujar y tirar de los materiales, o la atracción y repulsión que culmina en la concepción de una máquina o de un campo electromagnético-gravitacional;
(3) Organicismo, basado en la metáfora raíz de un todo orgánico y dinámico, como la elaborada por Hegel y sus seguidores;
(4) Contextualismo, basado en la metáfora raíz de una situación histórica transitoria y sus tensiones biológicas, tal como la exhibida por Dewey y sus seguidores. Ninguno de ellas es totalmente adecuada. Hay también varias metáforas de raíz aún menos adecuadas, y en ‘Las Hipótesis del Mundo’ se sugiere que aún pueden aparecer metáforas más adecuadas en el futuro.

3. La extensión de la metáfora en Filosofía.
Un corolario de la teoría de la metáfora raíz es que cualquier tratamiento del tema de la metáfora en la filosofía se extendiera a toda la historia del sujeto. No sólo los grandes sistemas tradicionales están envueltos en la acción de las interpretaciones metafóricas, sino que los conceptos culturales, las instituciones que dominan las creencias y los valores de los hombres ordinarios se impregnan de ellos. El sentido común y el lenguaje ordinario están saturados con las presuposiciones de la metafísica platónica, aristotélica y cartesiana, y últimamente, en muchas culturas, con la dialéctica hegeliana y el operativismo contextualista. Si a estas filosofías, relativamente adecuadas, se añaden las presuposiciones metafóricas de una serie de filosofías inadecuadas humanamente fascinantes, como el animismo y el misticismo, la propagación de la influencia de las metáforas filosóficas en el pensamiento y las prácticas culturales se extiende enormemente.

La mención del animismo conlleva inevitablemente a pensar en la mitología. Aquí, la metáfora es desenfrenada, con las referencias cósmicas también. Su intención es, al parecer, ser tan filosóficamente explicativas como las categorías de la forma y materia de Aristóteles, o de la Gravitación y el Espacio-Tiempo de A.S. Eddington. Esta estrecha relación del mito primitivo con las filosofías relativamente adecuadas antes mencionadas, respecto al uso explicativo de la metáfora no debe perjudicar a las hipótesis del mundo relativamente adecuadas, o a sus presupuestos incorporados en el sentido común moderno y en la ciencia y la lógica modernas. Mientras los hombres formulen hipótesis para resolver sus problemas, buscarán analogías para estimular su invención, y cuando estas analogías generen categorías explicativas, éstas funcionarán inmediatamente como metáforas explicativas. Lo importante es encontrar las hipótesis explicativas que sean ampliamente confirmables, y aquí es donde se encuentra la diferencia entre el mito primitivo y la hipótesis adecuada.

4. Categorías y metáforas en la filosofía.
La estrecha relación que se pone de manifiesto entre un conjunto de categorías de una hipótesis del mundo y su metáfora raíz generadora plantea la cuestión de cómo la base metafórica de un conjunto de categorías podría llegar a salir a la luz. Pues las categorías son, inevitablemente concebidas por los exponentes adoctrinados en dicha filosofía como el marco estructural real de la naturaleza. La metáfora está amalgamada con lo que es una ‘metáfora de’. Para un filósofo completamente inmerso en su sistema, otras interpretaciones del mundo diferentes a la suya son tratadas simplemente como errores o un sin sentido o, quizás caritativamente, como aproximaciones parciales a la verdad. Para tomar conciencia de la naturaleza metafórica de las interpretaciones filosóficas de uno, se necesita una cierta cantidad de "distancia" cognitiva, como la "distancia estética" requerida en las artes a fin de apreciar el realismo de una obra de teatro, una novela o un cuadro. Sin embargo, la distancia no debe ser tan grande como para convertir el objeto en pura fantasía y absurdo. En el arte hay que reconocer las convenciones que apoyan y sostienen el realismo estético. Así que, en la filosofía hay que reconocer las categorías que mantienen la verdad o la adecuación interpretativa de la teoría del mundo. Las categorías deben ser tomadas seriamente como instrumentos constructivos que sirven, como los anteojos a los ojos astigmáticos, para revelar la realidad verdadera o la manera efectiva de ver lo que no hemos visto previamente. Bacon perdió completamente el significado de la filosofía comprensiva a través de su falta de reconocimiento de esta distancia cognitiva. Él percibió correctamente la acción interpretativa metafórica de las filosofías tradicionales, pero no pudo apreciar el poder revelador de los grandes sistemas y la fecundidad de sus metáforas.

¿En qué momento de la historia de la filosofía surgió una apreciación de la acción metafórica de las categorías? La semilla fue puesta por Kant, cuando en su ‘Crítica de la razón pura’, argumentó que las estructuras de espacio, tiempo, causalidad, etc., que se atribuyen a la naturaleza en el conocimiento científico, fueron proporcionados por la mente y no deben tomarse como estructuras intrínsecas de las cosas en sí mismas. Introdujo una pequeña "distancia" entre los fenómenos y la acción interpretativa de sus categorías (y también en el espacio y el tiempo, distinguiéndolos como formas a priori de intuición). Consideraba sus categorías como a priori, ineludibles e incorregibles en la cognición. Tal como C.I. Lewis señaló más tarde, en su ‘Mind and the World Order’ (1929) no eran más que la paradoja implícita de la visión de Kant. Tenía una auto-contradicción, la de ser al mismo tiempo operaciones reales y no reales entre los eventos cósmicos. ¿Cómo podía un pensador distinguir sus categorías interpretativas de la estructura misma de la naturaleza, a menos que tuviera al menos otro conjunto de categorías con interpretaciones divergentes con las cuales compararlas? En suma, las categorías deben ser consideradas como corregibles. Deben estar abiertas al error y a la corrección. No pueden ser postuladas como totalmente a priori e ineludibles en la cognición humana. Se les debe permitir suficiente "distancia" entre ellas mismas y lo que están interpretando para permitir alternativas y juicios de su adecuación. Deben ser tratadas en cierto grado como hipótesis explicativas, o metáforas.

Que Kant tuviese cierta conciencia de este dilema resulta obvio por su tratamiento de las experiencias morales y estéticas como algo distinto de la experiencia científica. En la experiencia moral, en particular, encontró que podía pasar por alto las restricciones categóricas de la cognición científica y obtener algunas revelaciones autorizadas sobre el mundo no perceptual. Él aceptó, de manera cuestionable, las ideas de Dios, de libertad y de la inmortalidad para la vida moral y su justificación. Aquí, de alguna manera, estaban los dos conjuntos de categorías que le revelaban que las categorías científicas deterministas, claramente, no podían atribuirse a características estructurales de las cosas en sí mismas, como Dios, la libertad y la inmortalidad.

Hay que reconocer que había muchas premoniciones anteriores acerca algún tipo de proyecciones mentales sobre cosas externas. El dualismo mente-materia de Descartes ya había planteado esta cuestión, la teoría de Spinoza de los "atributos", el énfasis de Locke en la distinción entre cualidades primarias y secundarias (una distinción que se puede remontar hasta Demócrito), y finalmente, el análisis de Hume de las impresiones, causalidad y hábito, y su reticente admisión de que no podía evitar creer en un mundo externo, aunque no podía entender cómo poder justificar cualquier creencia en ello.

Siguiendo a Kant, la dialéctica de Hegel puede ser vista como una proliferación de categorías kantianas, ordenadas de acuerdo a su creciente grado de alcance y adecuación, hasta que culminan en la síntesis total del Absoluto. Pero aún así las categorías no estaban completamente separadas de la estructura real de las cosas que categorizaban. La dialéctica no era sólo una historia de una cognición cada vez más adecuada, sino también una historia de una especie de crecimiento cósmico.

No fue hasta que los modos de pensamiento pragmático o contextualista comenzaron a ser influyentes que se introdujo la suficiente "distancia" entre los instrumentos de la cognición, y lo que ellos conocían por conjuntos de categorías fueron vistos como metáforas. Fue la distintiva teoría pragmática de los conceptos como instrumentos que lo hicieron posible. Se ha mencionado el análisis pragmático de las categorías por C.I. Lewis. Y la ‘filosofía del Como Si (Die Philosophie des Als Ob-1911) de Hans Vaihinger  pudo haber ayudado también, aunque su doctrina de las ficciones era cognitivamente ambigua dejando la duda en cuanto a su función cognitiva. Si los conceptos "útiles" se hacen demasiado ficticios, el sentido de la metáfora puede estar casi totalmente perdido. A fin de mantener el carácter metafórico de un conjunto de conceptos orientadores, la estructura de los conceptos deben identificarse en alguna medida con los conceptos a los que se aplican. Un contextualista comprometido puede, en consecuencia, ser tan inconsciente de las relaciones metafóricas de las presuposiciones categóricas de su propia visión filosófica como cualquiera de los filósofos tradicionales de las escuelas anteriores. El servicio del contextualismo, al revelar el uso explicativo de la metáfora en la filosofía, se debe únicamente a su teoría del papel instrumental de los conceptos en el conocimiento. El énfasis en este papel reveló sólo el grado de "distancia" cognitiva que ha de ser reconocido antes de que el carácter metafórico de un conjunto de categorías pueda ser conscientemente realizado.

Una vez que esto se materializa, el conjunto de categorías adquiere el papel de una hipótesis útil, y el filósofo se cuida de considerar las categorías como a priori o rasgos incorregibles del mundo o la manera en que la mente mira al mundo. No obstante, uno es consciente de que las categorías dirigen su visión del mundo y se puede llegar a criticar la adecuación de la visión, y puede que, deliberadamente, se busque otros conjuntos de categorías que ofrezcan otras visiones. Entonces, es posible que uno vea que estos puntos de vista están funcionando como metáforas cognitivas. Y si uno busca el núcleo y el origen de estas metáforas del mundo, consigue lo que puede llamarse sus metáforas raíz.

5. Metáforas cognitivas de ámbito restringido.
El término "metáfora raíz" parece haber entrado en el lenguaje de la filosofía por otros caminos que los de la fuente de las categorías de hipótesis del mundo. Ha venido, a menudo, a referirse a cualquier idea central sobre la cual cualquier problema complejo puede ser organizado. Se convierte pues en el punto de referencia para una hipótesis restringida o especial. Cuando así se utiliza, se superpone a la función recientemente asignada al extenderla sobre lo que ha llegado a conocerse como "caso paradigmático".

El término "caso paradigmático" adquirió importancia en filosofía principalmente a través de un análisis de Ludwig Wittgenstein del significado en términos corrientes de términos tales como "silla", "hoja", "juego". Él halló que estos términos se usan para referirse a un grupo de objetos y que, como grupo, no se caracterizan por un conjunto de características comunes, sino que tienen "semejanzas familiares". Durante la infancia, los hombres aprenden una gama de aplicación de estos conceptos de semejanza familiar, que son perfectamente comprendidos por todos los que hablan ese lenguaje común. De forma que un concepto puede ser identificado o manejado sobre cualquiera de sus objetos típicos y, desde los cuales, las semejanzas familiares pueden ser trazadas a otros miembros del grupo. De forma que un miembro convenientemente seleccionado podría ser un "caso paradigmático" para el grupo. El caso paradigmático proporciona la analogía a partir del cual las semejanzas familiares de otros miembros pueden rastrearse. Puede llamarse la metáfora raíz de un concepto de semejanza fantasiosa. Algunos escritores parecen estar usando el término "metáfora raíz" de muchas maneras. Es importante la manera de usar la metáfora en la filosofía. El uso claramente explicativo, no estético, de la metáfora, y cae bien dentro del tema de este artículo.

Incluso se puede argumentar que las metáforas raíz de las hipótesis del mundo deberían describirse mejor como casos paradigmáticos de grupos de hipótesis del mundo que constituyen las diversas escuelas de filosofía. Así, las hipótesis del mundo de Platón, Aristóteles, Tomás de Aquino y de muchos otros, se reconocen fácilmente porque tienen semejanzas familiares que giran sobre la relación de la forma y la materia. Cuando se presenta un tipo de formismo como representativo del grupo, esto podría darse como un caso paradigmático del grupo.

La diferencia principal entre esta interpretación y la teoría de la metáfora raíz es que, en esta visión, una escuela filosófica exhibe el desarrollo de una metáfora raíz hacia una estructura más adecuada para una visión comprensiva del mundo. El concepto de semejanza de la familia wittgensteiniana no sugiere tal proceso de desarrollo, ni permite que el caso paradigmático que pudiera ser seleccionado posea cualquier superioridad explicativa especial respecto a la precisión y ámbito de aplicación del concepto puede llamarse su campo de aplicación . De hecho, el caso es todo lo contrario. Todos los miembros de un grupo de semejanzas familiares están a la par, y no hay presunción de que el grupo produzca una visión explicativa especial, más allá del hecho de las semejanzas familiares que el concepto registra en el uso del lenguaje ordinario.

Sin embargo, algunos escritores recientes han difundido el uso del "paradigma" para incluir los grados progresivos de adecuación exhibidos por el paradigma a su campo de aplicación. Thomas S. Kuhn, en particular, ha desarrollado este concepto en su libro ‘La estructura de las revoluciones científicas’ (1962). De acuerdo con su exposición, prácticamente no hay diferencia entre la función del paradigma como patrón conceptual guía en el procedimiento científico y el de la metáfora raíz como patrón conceptual guía de las hipótesis del mundo, excepto el ámbito restringido del primero.

Un paradigma, para Kuhn, es un modelo o patrón aceptado en la ciencia como una "decisión judicial en el derecho consuetudinario ... un objeto que sirve para una mayor articulación y especificación bajo condiciones nuevas o más estrictas". En el momento de su primera aparición, es "muy limitada tanto en alcance como en precisión". La supervivencia y la resistencia de un paradigma depende de su éxito en la solución de problemas que los practicantes del campo consideran agudos. "El éxito de un paradigma ... es en un principio una promesa de éxito que se puede descubrir en ejemplos seleccionados y aún incompletos.La ciencia normal consiste en la actualización de esa promesa, una actualización lograda al extender el conocimiento de aquellos hechos que muestra el paradigma como particularmente reveladores, aumentando así el grado de coincidencia entre aquellos hechos y las predicciones del paradigma y mediante la articulación del mismo paradigma" (pp. 23-24).

Según la descripción de Kuhn, la historia de la ciencia puede equipararse casi a la historia de las metáforas de ámbito limitado en su búsqueda de la adecuación, a través de sus predicciones y articulaciones, revelando los hechos de sus campos especiales. Queda por ver hasta qué punto la filosofía de la ciencia de Kuhn, que gira sobre el paradigma, sea aceptable. Tiene la virtud de poner énfasis en el uso que hacen los científicos de los "modelos", que al no tratar el método científico, en la filosofía de la ciencia puede ignorar con seguridad. Puesto que, a juicio de Kuhn, un modelo científico no es equiparable a un paradigma, debe considerarse como al menos una encarnación material o conceptual de uno.

Si alguna forma de la teoría de la metáfora raíz para una hipótesis no restrictiva se combina con una forma de teoría paradigmática, como la de Kuhn, para hipótesis restringidas, sugeriría que la base de toda teoría empírica productiva es, en principio, metafórica. Esto no sería un descrédito. Se reduce, simplemente, a ser realista sobre qué teorías sean tratadas como productos de la creatividad humana.

También existe, por supuesto, el aspecto matemático y lógico formal de la teoría que quizás se considere apropiadamente como la formulación ideal definitiva de cualquier teoría empírica, ya sea en la ciencia como en la filosofía. Pero por más que el enfoque formal pueda ser el metafórico, parece no haber ninguna incompatibilidad necesaria entre los dos en su búsqueda conjunta de algún control y comprensión de nuestro mundo. Si hay algún problema, éste se situaría más allá del ámbito de este artículo.

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Ref. Internet Archive Digital Library .
http://www.gpaulbishop.com/gallery/g_PAUL_BISHOP_portrait_section/section_04/stephen_pepper.htm
- Publicado en el The Journal of Mind and Behavior, vol. 3, nos. 3 y 4, verano / otoño, 1982, un número especial del jounal dedicado a Pepper y editado por Art Efron. El JMB reimprimió el ensayo, a su vez, de Stephen C. Pepper, "Metáfora en la Filosofía", Dictionary of History of Ideas, Volume 3. Philip P. Wiener, Editor-in-Chief Copyright, 1973 Charles Scribners Sons.
- Imagen "Stephen Pepper" Photographed by g. Paul Bishop, © 1954-2017 GPB-P
- Imagen Portada del libro World Hypotheses


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