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martes, 10 de enero de 2017

La defusión: soltando lastre del lenguaje

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El desafío fundamental del ser humano consiste en aprender cuándo seguir lo que dice la mente y cuándo ser sólo consciente de la propia mente mientras se está atendiendo al aquí y ahora.

Cuando nos volvemos "mentales", los procesos analíticos verbales en curso nos arrastran a aquello a lo que se refieren en lugar de lo que son. Nos relacionamos con nuestros pensamientos como representaciones del mundo interno y externo y perdemos de vista la perspectiva de que el pensamiento no es otra cosa que un proceso en funcionamiento; de ese modo nos desconectamos de todas las otras múltiples fuentes de estimulación.

Esta faceta de la experiencia humana es una realidad constante para todos nosotros. Todos tenemos "mentes" que prácticamente nunca se callan y están continuamente evaluando, comparando, prediciendo y planificando. La maquinaria verbal que está siempre runruneando en nuestra cabeza es una herramienta magnífica y útil pero también puede resultar destructiva cuando nos arrastra.

Como antes comentábamos, la fusión consiste en mezclar los procesos verbal-cognitivos con la experiencia directa de manera que el individuo no puede diferenciar entre ambos. Por su propia naturaleza, la fusión constriñe nuestro repertorio de respuestas en determinados ámbitos. Cuando estamos fusionados, formulamos una situación de manera simbólica y, luego, organizamos nuestro comportamiento de manera que encaje con los requerimientos de las reglas que estamos programados a seguir. Tales reglas se nos inculcan socialmente y, de ese modo, nos parecen "la cosa más normal y racional que podemos hacer". El problema es que esa manera de seguir las reglas nos hace perder el contacto con los antecedentes y consecuencias directas del comportamiento.

En un estado fusionado, una persona puede seguir la misma regla una y otra vez sin llegar a reconocer jamás que los resultados deseados no se pueden alcanzar porque cada fracaso en conseguirlos lleva a una adhesión aún mayor al seguimiento de esa regla.

Como las reglas verbales son muy útiles en muchos ámbitos, cuentan con todo el apoyo social, de tal manera que se eligen como el modo de operar preferente en la mayoría de los aspectos de la vida cotidiana. Esto genera una tendencia a que la gente, habitualmente y de manera automática, se fusione con su maquinaria verbal.

Si el proceso fuera voluntario y tuviera que ser "deseado", todos podríamos elegir fusionarlos o no, dependiendo de la utilidad que eso tuviera. Desgraciadamente –hasta que uno aprenda a convertir la fusión en una elección voluntaria– el proceso no sólo es automático sino también invisible. Por lo general, no recibimos ninguna "alerta" de nuestro sistema verbal que nos avise que nos estamos enredando demasiado en este proceso.

Para mantener la fusión bajo control contextual, la ACT (Terapia de Aceptación y Compromiso) enseña a los clientes a separar los procesos cognitivos que están operando de sus productos cognitivos (p. ej. observar el proceso que está teniendo lugar, «soy consciente de que estoy pensando X», y no quedarse atrapado en sus productos, «soy una mala persona»). Metafóricamente, esto equivale a separar al "ser humano" (el oyente) de la "mente" (el hablante). Esta intervención táctica se denomina "defusión" –un neologismo de la ACT que significa establecer un contacto más directo con los fenómenos verbales como lo que son en realidad y no con lo que dicen ser.

La defusión no elimina el contenido verbal, simplemente, reduce su efecto automático sobre la conducta de manera que también puedan actuar otras fuentes de regulación conductual. El objetivo de la defusión consiste en adoptar una actitud de flexibilidad cognitiva voluntaria.
Ejemplo de establecimiento de un nuevo marco de referencia para este tipo de experiencias:
«Probablemente ya habrás adivinado que no soy un gran entusiasta de las mentes. No es que piense que las mentes no son útiles; es sólo que no se puede vivir realmente la propia vida de forma adecuada limitándose al universo que tenemos entre las orejas. Las mentes evolucionaron para proporcionar a los humanos un medio muy eficaz de detección de amenazas para la supervivencia; por eso, no resulta sorprendente que una buena parte del contenido mental sea negativo, crítico o de aviso de peligros. Tu mente está haciendo aquello para lo que fue diseñada – ¡Pero, al mismo tiempo, no te está dando ni un respiro! – Por eso, aquí vamos a tener que aprender cómo salirnos de esa cháchara cuando eso sea lo más conveniente. Tu mente no es tu amiga pero tú no puedes funcionar sin ella. Es una herramienta que hay que utilizar. Tenemos que aprender cómo utilizarla, pero, de momento, es ella la que te está utilizando a ti.»

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Ref. Libro: Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT). Autores: Steven C. Hay es, Kirk Strosahl, Kelly G. Wilson. Edit. Desclée.

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