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miércoles, 4 de enero de 2017

El lado oscuro del lenguaje

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Los seres humanos estamos inmersos en la creación de tiempos y espacios propios y ajenos, y cada vez más perdidos o ahogados en nuestros mundos repletos de palabras y símbolos.


Algunos lo sienten, otros no, pero los enredos categoriales y las dispares interpretaciones nos acercan a veces a una edificante ilación de propósitos, y otras, nos alejan suspicazmente por la corta diferencia de una mera connotación.

Buscamos en el otro la velada complicidad simbólica para distinguirnos de aquellos que se hallan enrocados en la rutina, en el habitual hábito de lo prosaico. Y nos atraen irresistiblemente los posibles mundos habitables.

Allí donde a unos el precipicio se presenta como un obstáculo insalvable, para otros se convierte en el abismo que desafía sus ansias de superación y libertad.

Fascinados por la capacidad de creación de significantes y significados del lenguaje, nos dejamos llevar por los procelosos mundos a los que nos conducen nuestras metáforas lingüísticas de la vida, la sociedad y del cosmos.

Y tan orgullosos como estamos de nuestro lúcido poder de creación, no caemos en la cuenta del lado oscuro de su naturaleza. La bella metáfora bíblica de la creación (Génesis 1, 1-5) nos explica de forma mítica su devenir.

Si conocemos dicha metáfora podemos observar que La Creación se remite al uso del lenguaje, y en cómo éste va referenciando las cosas reales en significantes separados y, a su vez, les otorga distintos significados morales. Sin embargo, ya en la otra metáfora del «Pecado Original y Expulsión del Paraíso terrenal (Génesis 3,1-13; 22-24)», nos relata cómo su misma creación toma vida propia e independiente persiguiendo su propio camino.

En esta exégesis metafórica, la historia de Dios no es más que la historia del mismo ser humano, orgulloso de esa herramienta simbólica, llamada lenguaje, que le da tanto poder de control y creación, pero también se le escapa de las manos y no puede controlar su devenir, viéndose en la necesidad de un volver a empezar, en un intento por conservar los significantes originales, tal como ilustran otras historias, como la del Arca de Noé (Génesis 6:9-22).

No sé si la pregunta adecuada sería preguntarse: ¿cuándo fue que el ser humano comenzó a crear sus propios significantes, y con ello, la infinidad de significados que le separan de la realidad, del resto de animales y, en última instancia, de sí mismo?

El desarrollo de la red lingüístico-simbólica, igual que da poder para controlar la realidad, también atrapa la mente del ser humano en unos enredados vericuetos que le separan de esa realidad, produciendo una desazón existencial, un desorientado sentimiento de irrealidad que le aboca a una inefable búsqueda de sentido.

Paralelamente a la larga crónica de un desarrollo civilizatorio propiciado por el lenguaje, se han desarrollado tradiciones poéticas y místicas que anhelaban ese 'contacto perdido con la realidad' y han ido construyendo mitos, leyendas, técnicas y rituales para cubrir la deseada nostalgia de los orígenes.


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por Pedro Donaire
-Imagen: Ceci n'est pas une pipe (Esto no es una pipa), de René Magritte, y la recreación de un abrazo a las letras

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