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domingo, 25 de diciembre de 2016

Lenguaje y autoconciencia

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Los animales se manejan, al menos la gran mayoría de vertebrados, con significantes directos de los objetos reales. Llamo aquí significantes a los primeros indicadores prelingüísticos que más tarde se establecerían como lingüísticos.

Imaginad, por ejemplo, una pequeña familia tribal y prehistórica donde un hombre llega después de haber cazado una presa e indica a los demás "hur", significante que conocen los demás indicando "comida".

Hasta aquí no había muchas diferencias con otros vertebrados complejos. Sin embargo, en algún momento de la historia evolutiva, la especie humana se diferenció de las demás especies desarrollando un mecanismo insólito: el lenguaje y la autoconciencia.

Ambas cosas, no sé si simultáneamente, debieron de ocurrir cercanas. Una de ellas es el hecho de inventar un indicador para referenciar otro indicador, es decir, un significante que referencia otro significante conocido. pero que no está presente en ese momento. En nuestro ejemplo, esta vez el cazador en sus exploraciones quiere transmitir a la tribu que ha visto 'comida' (presas) muchas montañas más allá, lo que supone un desplazamiento que podría ser peligroso para la tribu desde su refugio en la cueva. Pero lo importante aquí es la transmisión de algo que no está presente, lo que obliga a la modulación de otros significantes que le den sentido.

Esto podría ser un inicio del lenguaje: un significante se refiere a otro significante que no está presente. El lenguaje no es otra cosa que signos que hablan (refieren) de otros signos. Aunque los significantes básicos indican siempre, en última instancia, objetos reales, el resto toman como objetos los mismos significantes básicos, connotándoles de dirección, ubicación y tiempo, entre otras cosas. Por supuesto que el formidable desarrollo posterior del lenguaje y las lenguas ya es objeto de la lingüística.

El segundo asunto por tratar es más fino, trata de cómo pudo iniciarse la autoconciencia. Fenomenológicamente, la autoconciencia es el significante indicador del propio sujeto, o sea, el resultado de tomar como objeto al propio sujeto. Cuando esto sucedió acababa de inventarse a la persona-individuo y con ello un salto de gigante diferenciador del resto de las especies.

Por seguir con el mismo símil, cuando la tribu se desplaza durante un par de días a la nueva ubicación, tras pasar diversas penalidades y peligros por el camino, llegan al lugar para encontrarse que ya no hay presas que cazar, lo que les aboca a una calamitosa hambruna.

Es difícil de explicar cuándo la autoconciencia (autoreferencia) llegó a formar asiento privilegiado en el entente mental humano. Podría formularse una explicación de positiva en cuanto a los éxitos de exploración en la caza, o de fuerza frente a sus congéneres; pero más bien creo que esto formaría parte de algo posterior, no del inicio de la autoconciencia. Estoy convencido que la 'autoreferencia' provino del sentido de responsabilidad, de culpa frente a los demás.

La conocida y hermosa leyenda bíblica de "el Pecado Original y Expulsión del Paraíso terrenal" (Génesis 3,1-13; 22-24) nos ilustra acerca de la relación existente entre el conocimiento de las cosas (el lenguaje) y la autoconciencia ('autoreferencia' moral sobre la decisión de lo que está bien o mal):

Adán y Eva. Puertas del Paraíso. Batipsterio de Florencia. Lorenzo Ghiberti. 1452.
«La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que Yahveh Dios había hecho. Y dijo a la mujer: "¿Cómo es que Dios os ha dicho: "No comáis de ninguno de los árboles del jardín?". Respondió la mujer a la serpiente: "Podemos comer del fruto de los árboles del jardín. Mas del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios: No comáis de él, ni lo toquéis, so pena de muerte".

»Replicó la serpiente a la mujer: "De ninguna manera moriréis.... seréis como dioses, conocedores del bien y del mal". Y como viese la mujer... tomó de su fruto y comió, y dio también a su marido." (Génesis 3,1-6)...Y le echó Yahveh Dios del jardín de Edén...y habiendo expulsado al hombre, puso delante del jardín de Edén querubines, y la llama de espada vibrante, para guardar el camino del árbol de la vida".» (Génesis 3,23-24)
En el símil que nos ocupa, es muy posible que el fracaso del explorador que ha llevado a la pequeña tribu hacia una calamidad, siendo objeto de acusación y repudio de todos los demás, le obligara a sentir 'su decisión', 'su liderazgo' como objeto individual de culpabilidad, es decir, a tomar conciencia de sí mismo. Además, tal vez impulsara a todos los demás a "significar" cierta prevención sobre la confianza en los individuos.

Los significantes que tras el hallazgo del lenguaje adquirían significados conjuntos para la tribu, con el paso del tiempo desde el inicio de la autoconciencia, poco a poco se fueron desarrollando significados de autoreferencia individual cada vez más diferenciados.

Cabo resaltar que todo ello no hubiera sido posible sin una fisiología particular de la especie humana y un sistema nervioso abierto al medio ambiente que propició el aprendizaje complejo y modulable del lenguaje.

Lo cierto es que la historia del inicio del lenguaje y la autoconciencia van inseparablemente unidas e imposible entender la una sin la otra.

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por Pedro Donaire
Imagen: Escena prehistórica.
Imagen: Adán y Eva. Puertas del Paraíso. Batipsterio de Florencia. Lorenzo Ghiberti. 1452.

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