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jueves, 22 de diciembre de 2016

Ciegos guiando un trineo

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La tecnología se dirige a hacernos la vida más fácil tanto a las personas como a las empresas, dejando en el camino un reguero de desempleados como nunca antes en la historia. Poco a poco, los avances tecnológicos acaparan más sectores de la producción.

Se discute que las mismas necesidades del mercado sepan crear nuevos puestos de trabajo que sustituyan a los viejos; esto es cierto a medias, puesto que tales trabajos suponen una más alta cualificación y sólo comprenden una mínima parte de los trabajos destruidos.

¿Qué hacemos con ese incremento paulatino de los desempleados? Que por cierto, determinados países, que van de ricos, esconden las cifras llamando "ocupados" a aquellos que trabajan 1 ó 2 horas al día.

Una ley empírica del mercado dice que, cuanto más abundante sea un producto más bajo resulta su precio. Esta relación en España, y supongo que en todo el mundo, se hace evidente con los desempleados. Los sueldos han bajado alarmantemente conforme aumentaba el desempleo.

¿Cuánto tiempo más el sistema podrá seguir ocultándose a sí mismo que hace aguas? Que las condiciones de hoy no son las mismas que en el siglo XIX, ese siglo al que pertenecen aún las políticas económicas que actualmente se llevan a cabo.

Ciegos guiando un trineo, podría ser el título de la película que protagonizan las políticas actuales. El problema es que en ese trineo va mucha gente, demasiadas personas pendientes de un hilo.

No basta con seguir dando limosnas estatales, que ellos llaman subsidios, subvenciones, etc., tal y como piensan los socialistas, ni continuar negando realidades por mor de una sacrosanta idea de la economía, como hacen conservadores y liberales.

Hoy día, la valentía política está en considerar y establecer un ingreso incondicional (como derecho) que permita a todos los ciudadanos tener la existencia material garantizada.

Una Renta básica no es asistencialista, no es un subsidio que sigue unas reglas discriminatorias, y que necesita de superestructuras de control y de un gasto superlativo para su mantenimiento. Todo eso desaparecería.

Igual que desaparecerían las redes clientelares políticas, dependientes de todo un sistema, tan arbitrario como hipermillonario, basado en los supuestos de ayudas al empleo y al desempleo.

La izquierda anquilosada en un sistema de subsidios clientelares y la derecha igualmente anquilosada en los oportunistas sistemas de poder establecidos. En resumen, un sistema esclerótico incapaz de dar respuesta a una sociedad que vislumbra tecnológicamente nuevos caminos y cuyos individuos ya no son los de antes, personas más formadas que nunca y más descreídos de un sistema que no les da soluciones a sus vidas.


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por Pedro Donaire

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