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lunes, 3 de octubre de 2016

Tenemos un segundo cerebro

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Nuestro cerebro se compone de aproximadamente 100 mil millones de neuronas que están constantemente disparando señales eléctricas de ida y vuelta que dicen qué hacer, qué pensar y cómo sentirse.



Pero su cuerpo realmente tiene un segundo cerebro que controla mucho más de lo que uno cree, y la mayoría de las personas no saben tan siquiera que existe.

Como se explica en AsapSCIENCE, una de las principales formas en que nuestro cerebro se comunica con el resto de nuestro cuerpo es a través del nervio vago, el cual transmite mensajes a las cuerdas vocales, el corazón, los pulmones y el tracto digestivo.

Pero los investigadores también han descubierto que dentro del sistema nervioso entérico, se extiende una red de neuronas que controla su tracto digestivo, y también los mensajes van a la inversa. De hecho, del 80 a 90 por ciento de las fibras nerviosas del sistema nervioso entérico van desde el intestino al cerebro. Y cuando se corta el nervio vago, el sistema entérico no necesita el cerebro en absoluto.

En otras palabras, el sistema digestivo es tu segundo cerebro, y controla mucho más de lo que crees.

Sí, ya sé lo que estás pensando, sólo porque el intestino puede pasar mensajes al cerebro, no quiere decir que tenga el control. Pero resulta que nuestro sistema digestivo también influye en nuestras diarias decisiones.

Esto resulta más probable debido a que, cuando nuestros antepasados ​​vivían como cazadores-recolectores, algunas de las más importantes decisiones a vida o muerte se tendrían que hacer basadas en los alimentos: ¿comer una baya proporciona suficiente energía para pasar el día? ¿Será venenosa? Debido a esto, desde una perspectiva evolutiva, tiene sentido tener una línea directa de comunicación entre el intestino y el cerebro.

Pero hoy día, aún sigue siendo muy influyente. No sólo ha demostrado la investigación que nuestras bacterias intestinales pueden manipular nuestros deseos y comportamientos alimentarios con el fin de asegurar su propia supervivencia (se puede culpar a ellos por su obsesión por la comida chatarra), sino que las colonias en nuestro sistema digestivo también afectan a nuestro estado de ánimo.

Dichos estudios sugieren que las personas con un microbioma intestinal diverso y saludable son menos propensos a sentirse deprimidos o ansiosos.

En ratones, los investigadores han demostrado que aquellos que crecen en ambientes estériles, donde no había bacterias que colonizaran sus entrañas, mostraban rasgos sociales similares a los humanos con el espectro del autismo. Cuando estos ratones fueron alimentados con probióticos, se aliviaron sus síntomas.


Este tipo de efecto también se ha visto en los primeros estudios en humanos, lo que lleva a muchos científicos a creer que una de las funciones principales de las bacterias del intestino consiste, en realidad, en la promoción de comportamientos sociales y asegurar la supervivencia de la especie a través de la reproducción.

En cierto modo, parece que nuestro segundo cerebro es incluso más influyente que nuestro pensamiento lógico. Resulta inquietante pensar que este segundo cerebro conduce nuestro comportamiento a un nivel más básico de lo que nos gusta reconocer.

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Ref. Science Alert.com, “We're controlled by more than just our thoughts”
Autora: Fiona MacDonald, 1 oct 2016
Imagen: neuronas

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