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viernes, 18 de marzo de 2016

El Pragmatismo (2)

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El Pragmatismo (1ª parte - 2ª parte)

3. Conocimiento y verdad

3.1 El énfasis en la experiencia

Como se ha dicho ya, los pragmatistas consideran que hay una continuidad entre la mente y el mundo que nos rodea a través de la experiencia. No aceptan una separación absoluta entre pensamiento y acción, sino que esa continuidad es precisamente la clave de sus teorías. Para ellos la actividad experimental se combina en el conocimiento con la especulación teórica.

El mundo para los pragmatistas es un mundo al que reaccionamos, un mundo de acciones y reacciones reales, que tiene que ver con sensaciones y con transacciones, con los resultados de las ideas, y no sólo con sus orígenes, que es lo que preocupaba a Descartes. Mientras que para Descartes el problema es cómo inferir desde el conocimiento intuitivo la existencia de otras mentes y objetos, para los pragmatistas se parte precisamente de la existencia de otros a través de la experiencia, una experiencia que el hombre transforma. Si el conocimiento sólo tuviera que ver con ideas eternas o con sensaciones que estuvieran más allá de su control, nunca podría descubrirse nada nuevo, lo cual es opuesto al espíritu del pragmatismo.

Sin embargo, la idea pragmatista de experiencia es peculiar. No equivale a un experimentalismo. El pragmatismo rechaza la noción de experiencia como primeras impresiones de los sentidos, que, como decía Peirce, no serían sino creaciones hipotéticas de la metafísica nominalista. La experiencia surge cuando se presta atención a la relación entre distintas sensaciones o ideas, esto es, no sólo a lo inmediatamente presente sino también a las posibilidades a las que esos elementos juntos pueden dar lugar. El significado de un concepto no son sólo sus efectos sensoriales, no es sólo un acto o experiencia singular, sino que tiene que ver con lo que puede suceder. El pragmatismo no tiene que ver tanto con la percepción actual sino con la concebilidad. Se trata de una experiencia más amplia de lo que se entiende a veces. Como escribía Peirce en su artículo “Un argumento olvidado en favor de la realidad de Dios”:


Por experiencia debe entenderse la producción mental completa. Algunos psicólogos a los que respeto me pararán aquí para decir que, aunque ellos admiten que la experiencia es más que la mera sensación, no pueden extenderla a toda la producción mental, ya que eso incluiría alucinaciones, engaños, imaginaciones supersticiosas y falacias de todo tipo; y que ellos limitarían la experiencia a las percepciones de los sentidos. Pero yo respondo que mi afirmación es la única lógica. Las alucinaciones, los engaños, las imaginaciones supersticiosas y las falacias de todo tipo son experiencias, pero experiencias malentendidas; mientras que decir que todo nuestro conocimiento se relaciona meramente con la percepción sensorial es decir que no podemos conocer nada —ni siquiera equivocadamente— sobre cuestiones más altas, como el honor, las aspiraciones y el amor. (Peirce, CP 6.492, 1908)


Que nuestra idea de una cosa sea nuestra idea de sus efectos sensibles o experimentales no implica que el significado resida en una experiencia sensorial particular. El significado está relacionado con posibles experiencias futuras, con cómo afecta a la conducta deliberada, con cómo los efectos prácticos contribuyen al desarrollo de la razón y de las ideas. Un experimento no es una operación particular sobre algo particular, sino lo que le pasaría a todo el mundo dadas ciertas condiciones.

La experiencia pragmatista tiene una importancia fundamental, y podría llegar a decirse que de alguna manera el pragmatismo es la forma que ha adoptado el empirismo en la filosofía contemporánea, pues la experiencia viene a ser para los pragmatistas la única fuente segura para juzgar nuestras creencias. Sin embargo, así como el empirismo hacía referencia fundamentalmente a una experiencia pasada, concebida como algo cerrado, como un dominio privado mental, para el pragmatismo la experiencia es sustancialmente apertura hacia el futuro, pues no se trata del inventario de algo acumulado, sino de la anticipación de posibles desarrollos. Las ideas derivadas de la experiencia son susceptibles de usos posibles en el futuro: la determinación de las condiciones, límites y efectos de esas posibles consecuencias constituye propiamente la verdad para el pragmatismo.

El pragmatismo por tanto insiste en una experiencia plural y más amplia, rechazando las dicotomías fijas, lo a priori, lo mental, privado y subjetivo de la experiencia empirista. Los pragmatistas sostienen una noción de experiencia que no es un ámbito mental diferente del resto del cosmos, sino que forma parte de él y es continuo con él. Como escribe William James:

El pragmatista rechaza la abstracción y la insuficiencia, las soluciones verbales, las malas razones a priori, los principios fijos, los sistemas cerrados y los pretendidos orígenes y absolutos. Se vuelve hacia lo concreto y lo adecuado, hacia los hechos, hacia la acción …se refiere al aire libre y a las posibilidades de la naturaleza como contrarias al dogma, a la artificialidad. (James, Pragmatismo, II)


Para los pragmatistas es necesario descartar lo que pragmáticamente no tiene un significado, es decir, aquello que no tiene un efecto práctico y experimental (en el peculiar sentido que ellos le dan a experimental), pero eso no quiere decir que se descarte toda filosofía o toda metafísica. Este énfasis en la experiencia —en una experiencia que es más amplia que lo sensorial— no significa que los pragmatistas caigan en un experimentalismo o en un positivismo científico. La experiencia puede ser aplicada a otras áreas que no son la ciencia, por ejemplo a la filosofía o la cosmología. Muchos de los representantes pragmatistas admiten una filosofía científica que parte de la experiencia: Peirce por ejemplo sostiene numerosas teorías metafísicas y cosmológicas, y para Dewey toda la filosofía está orientada a enriquecer y dar dirección a la experiencia humana.

3.2 La noción de investigación científica 

El conocimiento en los pragmatistas está marcado por la gran relevancia que conceden a la investigación científica y por la confianza que tienen en ella, en gran parte debido al espíritu cientista que dominaba la sociedad estadounidense de la época. En el ambiente intelectual norteamericano de principios del siglo XIX se experimentaba la fuerte influencia del realismo escocés y de la inducción baconiana, y se vivía un creciente entusiasmo hacia la ciencia natural.

La ciencia es para los pragmatistas una cosa viva, una actividad que tiene que ver con conjeturas que se prueban, se aceptan o se rechazan. Más que un conjunto de conocimientos sistematizados o una metodología rígida y muerta, la ciencia sería algo vivo que permitiría el continuo crecimiento del pensamiento hacia la verdad. Lo que es esencial para el pragmatista es el espíritu científico, que está determinado a no descansar satisfecho con las opiniones vigentes, sino a continuar hasta llegar a la verdad real de la naturaleza.

La ciencia es algo que se va construyendo, un proceso que lleva a cambiar un estado de duda real por otro de creencia. El método científico es el único que nos permite conocer esa realidad externa que afecta a nuestros sentidos siguiendo leyes regulares, es el único que nos permite avanzar desde hechos conocidos y observados hacia lo desconocido, a través de la observación y el razonamiento. En el método científico pragmatista hay lugar para el razonamiento formal y para la investigación empírica, para el racionalismo y para el empirismo. El conocimiento no es, como se ha visto, intuición cartesiana, ni tampoco una síntesis a priori kantiana, sino una búsqueda que parte de la duda real y que avanza mediante el método científico. En ese proceso, los juicios perceptuales de la experiencia se acomodan en un entorno explicativo. El pragmatismo, por lo tanto, intrínsecamente unido al método de la ciencia que nos permite investigar las repercusiones prácticas de las ideas, supone una guía para el pensamiento y nos ayuda a clarificarlo.

Por otra parte, en el mismo centro de esa noción de investigación está la idea de una comunidad crítica de investigadores. La ciencia no es algo que pueda desarrollar uno solo. Como afirma Peirce, el investigador es sólo alguien que contribuye a una vasta empresa que al ser continuada a lo largo de generaciones alcanzará la verdad, ya que la adaptación evolutiva ha dotado a los seres humanos de un instinto para adivinar correctamente. Para Peirce la verdad sería el resultado final de la investigación científica en comunidad si se continúa indefinidamente. De modo que en la misma esencia del pragmatismo está la apertura, la necesaria relación con los demás, que nos permite crecer y hace que se desarrolle el conocimiento.

La noción de ciencia tiene por tanto una importancia fundamental para el pragmatismo, pero se trata de una forma no reductiva de considerar la práctica científica. No es que la ciencia por sí misma resuelva todos los problemas, pero proporciona conocimientos necesarios y ofrece un método que puede utilizarse para tratar con los problemas. La ciencia no lo es todo, simplemente nos muestra una forma exitosa de investigar que puede aplicarse a otros ámbitos. Para el pragmatista la inteligencia humana es “científica” porque tiene sus raíces en las conductas instintivas y porque es capaz de aprender de la experiencia, porque la mente está dotada de plasticidad, y esa inteligencia científica ha de aplicarse en todos los ámbitos.

Puede concluirse este apartado diciendo que el pragmatismo no es propiamente un cuerpo de doctrinas, ni puede considerarse una teoría de la verdad. La unión de lo verdadero a lo práctico y experimental sería una consecuencia, más que su característica definitoria. El pragmatismo es más bien una manera de concebir la investigación, una manera común (científica) de enfrentarse a los problemas, examinando las posibles consecuencias de forma creativa, y uniendo de esa manera la teoría a la acción.

El pragmatismo es una actitud de búsqueda, es, como escribía William James, una disposición a apartar la mirada de las cosas primeras, de los principios, de las categorías y de las pretendidas necesidades para contemplar en cambio las cosas últimas, los resultados, las consecuencias y los hechos. El pragmatismo consiste en una actitud hacia los problemas filosóficos, una actitud que se aleja de abstracciones y tiene en cuenta los propósitos y los contextos de la acción, una actitud de anclar la razón en la experiencia y en la vida práctica. Que el pragmatismo sea principalmente una actitud no le resta importancia, pues con esa manera de pensar podemos enfrentarnos a los principales problemas del pensamiento y repensar conceptos claves como el de verdad o mente. Lo novedoso de la metodología pragmática es el intento de tratar con los problemas tradicionales de una forma nueva, dentro del contexto de una teoría de la investigación.

4. Panorámica del pragmatismo: de Dewey a Rorty

4.1 Charles S. Peirce

Charles S. Peirce (1839-1914) nació en Cambridge (Massachusetts) en 1839. Aunque la formación académica de Charles Peirce fue eminentemente científica, demostró sin embargo a lo largo de toda su vida una constante fascinación por las cuestiones filosóficas, a las que se introdujo principalmente a través de la filosofía kantiana y de la filosofía escocesa del sentido común. Entre 1865 y 1891, Peirce desarrolló su actividad profesional en la United Coast and Geodetic Survey yrealizó aportaciones de interés en diversos ámbitos científicos. Aunque pronunció numerosas series de conferencias, sólo durante cinco años tuvo un puesto como docente en una universidad: entre 1879 y 1884 explicó lógica en la Johns Hopkins University, de donde fue despedido después de varios conflictos. Tras su despido también de la Geodetic Survey cuando tenía 48 años, se retiró con su segunda esposa a Milford, Pennsylvania, donde vivió a lo largo de veintisiete años. Durante ese tiempo, Peirce trabajó y escribió afanosamente, aunque la mayor parte de lo que escribía no llegaba a ser publicado. Peirce falleció en 1914, dejando más de 80.000 páginas de manuscritos, en su mayor parte inéditos, que fueron vendidos ese mismo año a la Universidad de Harvard.

Aunque el pragmatismo de William James puede considerarse el más afortunado de su época, quizá es el de Peirce el que más influencia ha continuado ejerciendo a la larga y ha de considerarse sin duda como el pragmatismo original, tal y como el mismo William James reconocía en 1900. “¿Quién originó el término pragmatismo, tú o yo? ¿Qué entiendes tú por él?” (Peirce, CP 8.253), le escribe Peirce a James cuando recibe una petición de J. M. Baldwin, editor del Dictionary of Philosophy and Psychology, para redactar las definiciones del diccionario correspondientes a las cuestiones lógicas. James le respondió entonces que ya hacía tiempo le había dado todo el crédito por su invención.

El pragmatismo de Peirce es parte de una amplia teoría del pensamiento y de los signos, una teoría que comprende una metodología científica y una semiótica. La metodología científica nos ayuda a producir creencias verdaderas, que son comprobadas en la práctica. La semiótica, según la cual todo lo que existe es un signo, hace del pragmatismo un método para traducir cierta clase de signos en signos más claros determinando sus efectos o consecuencias. El pragmatismo de Peirce llega por tanto a ser una teoría del significado que emerge de su trabajo científico y de su concepción de la lógica, y que se basa en la convicción de que la función de la investigación no es sólo representar la realidad sino permitirnos actuar de forma más efectiva.

Como ya se ha mencionado anteriormente, Peirce formuló la máxima original del pragmatismo en 1878, según la cual el significado de los conceptos no es sino la suma de sus consecuencias prácticas. El significado de algo viene a ser un conjunto de hipótesis condicionales, lo que sucedería si se dieran tales circunstancias, y ese conjunto para Peirce está siempre abierto, pueden descubrirse nuevas condiciones, nuevas posibles consecuencias. De este modo, y quizá es éste el punto central del pragmatismo peirceano, podemos decir que el significado crece en tanto que nuestro conocimiento se hace mayor. Esta característica será decisiva a la hora de comprender al ser humano, a quien Peirce considera también como un signo y por lo tanto siempre abierto y en constante crecimiento.

Por otra parte, el pragmatismo se convierte para Peirce en la prueba definitiva de su peculiar concepción de ciencia. Según Peirce, el proceso científico envuelve tres pasos que conforman el método encaminado al descubrimiento de la verdad: la abducción, la deducción y la inducción. Los tres son igualmente necesarios, aunque la distinción de los pasos del método científico no es estrictamente temporal. Se trata de clases de razonamiento que no discurren de modo independiente o paralelo, sino integrados y cooperando en las fases sucesivas del método científico. La abducción incluye todas esas operaciones por las que los conceptos y las teorías son engendrados; la deducción debe revisar las posibles consecuencias experienciales que se seguirían de la verdad de la hipótesis, y la inducción a su vez incluye las pruebas para expresar un juicio final sobre el resultado total. La abducción constituye para Peirce el punto central del método: sería imposible tener ningún conocimiento nuevo si no fuera por ella, pues es la única operación lógica que introduce una idea nueva. La máxima pragmática de Peirce permite diferenciar las hipótesis significativas, es decir, aquellas que tienen consecuencias empíricamente probables, de las que no lo son. El pragmatismo se constituirá de ese modo en la prueba final de la hipótesis, ya que la última prueba reside en la vuelta a la experiencia. En este sentido, Peirce considera el pragmatismo no como una doctrina filosófica sino como la expresión del método científico genuino, en el que todo conocimiento parte de la experiencia y tiene en la práctica su confirmación última.

4.2 William James

William James (1842-1910) nació en Nueva York el 11 de enero de 1842. En 1864 ingresa en la Facultad de Medicina de Harvard, donde completará sus estudios de medicina después de varias interrupciones. La formación científica de James en la universidad se alternaba con su estudio e interés por la filosofía, alentado por sus propias lecturas y por el contacto con algunas de sus amistades. Realizó además numerosos viajes a Europa que fueron decisivos para su desarrollo intelectual y vocacional. William James fue un intelectual reconocido en su tiempo. No sólo se le conoce por ser el más destacado divulgador de la filosofía pragmatista sino también por ser el primer americano en reconocer la psicología como una disciplina independiente. William James es quizá el pragmatista clásico mas conocido. Aunque ya se ha visto cómo él mismo daba el crédito del pragmatismo a Peirce, James fue sin embargo el primero en usar la palabra “pragmatismo” de forma impresa: el 26 de agosto de 1898 la empleó en una conferencia ante la Philosophical Union of Berkeley University que después apareció publicada en The University Chronicle bajo el título “Philosophical Conceptions and Practical Results”, un texto en el que James daba su versión de la máxima original de Peirce.

En William James el pragmatismo tomó una forma psicológica, moral y religiosa que Peirce no pretendía. Mientras que Peirce se fija en el significado en general, James presta más atención a las contribuciones que las creencias y las ideas hacen a las formas específicas de la experiencia humana. Su versión de la máxima pragmática hace hincapié en la praxis. Mientras que Peirce habla de consecuencias concebibles y no quiere subordinar el concepto al acto ni el saber al hacer, para James las consecuencias de una creencia no son sólo las consecuencias de la verdad de la proposición creída, sino también las consecuencias de que la persona lo crea. De ese modo, hay creencias, por ejemplo religiosas, que aunque no pueden ser verificadas se legitiman por su efecto beneficioso en la vida del que cree, mientras que para Peirce sería un crimen contra la integridad de la razón justificar una creencia sólo porque es agradable o buena, y no mediante observación y razonamiento.

Para James el pragmatismo no es principalmente un método lógico sino una teoría del significado y de la verdad, una teoría ligada al uso de las ideas, a la diferencia que hacen en la experiencia, algo más amplio que se extiende a la evaluación de creencias particulares, incluyendo tanto la adopción de hipótesis en la ciencia como el compromiso con las creencias morales y religiosas. De esta manera James da una importancia central a las consideraciones de valor y satisfacción: es verdadero lo que tiene efectos positivos en nuestras vidas, lo que nos permite avanzar, lo que nos permite tener una relación satisfactoria con las demás partes de la experiencia. James llama a su filosofía “empirismo radical” y afirma que las únicas cosas que deben ser consideradas por los filósofos son las cosas definibles en términos obtenidos de la experiencia; no pueden eliminar ni pasar por alto nada que haya sido confirmado por la experiencia. Lo que no es experimentable no tiene significado, algo que Peirce comparte, pero James entiende por efecto experimentable el efecto de creer una proposición en la vida del que cree.

Es decir, la aplicación de la máxima pragmática por parte de James encerraba también una teoría más amplia de la verdad no en términos de adecuación o correspondencia con la realidad, sino en términos de la utilidad que reporta al sujeto, de aquello que resulta conveniente o beneficioso para la acción. La verdad no es para él una representación exacta de cómo son las cosas en sí mismas, sino “lo conveniente en el camino de nuestro pensamiento”, lo que funciona. “Lo verdadero, dicho brevemente, es sólo lo ventajoso en nuestro modo de pensar, de igual forma que lo justo es sólo lo ventajoso en el modo de conducirnos” (El significado de la verdad, prefacio). Las creencias, más que copias o representaciones de objetos externos, son instrumentos plásticos y modificables que deben proporcionar un beneficio moral y psicológico al que cree. La experiencia personal, de algún modo, se convierte en fuente y prueba suficiente de la verdad.

James concibe por tanto la verdad en términos de guía, lo que es una clara característica pragmatista —el acuerdo con la realidad es el ser guiados por ella—, pero esa teoría de la verdad adquiere en él claros tintes nominalistas: las ideas tienen su significado en su ocurrencia particular existente. Para Peirce, en cambio, lo general es tan real como lo concreto. James se fija en lo particular, en verdades específicas y satisfactorias, en proposiciones ahora confirmadas más que en la verdad como tal. De este modo concede más relevancia a la aportación del individuo, mientras que Peirce da más importancia al papel de la comunidad.

Algunas de las consecuencias de la fusión de la máxima pragmática con el empirismo radical de James son, en primer lugar, su oposición al dualismo cartesiano a través de la corriente continua que para él es la experiencia. La experiencia pura no es ni mental ni física, no se pueden separar consciencia y contenido, cognoscente y objeto. Se conoce algo si nos permite actuar con éxito. En segundo lugar, hay una defensa a ultranza del pluralismo en oposición al monismo metafísico de los racionalistas. Así, si ciertas creencias conducen a consecuencias que constituyen, en última instancia, una diferencia práctica en la conducta concreta de los individuos, no hay evidencia más allá de esa experiencia radicalmente plural y personal que legitime la adopción definitiva de una u otra creencia. En consecuencia, y dado que estamos siempre obligados a actuar, James reclamó el derecho de cada ser humano a elegir y adoptar sus creencias, siempre y cuando supusieran una diferencia práctica en la experiencia. Para James no tenemos derecho a excluir los problemas metafísicos y religiosos de la discusión filosófica, pues pueden suponer una diferencia práctica real.

4.3 John Dewey

John Dewey (1859-1952) nació en Burlington, Vermont. Formado en la Johns Hopkins University fue después profesor en las universidades de Chicago y Columbia. Filósofo y pedagogo, luchó incansablemente por una mejora en la educación, y se le conoce como una de las figuras más relevantes de la pedagogía progresista en Estados Unidos. Dewey reformuló el pragmatismo de Peirce y James reajustando algunas de sus doctrinas en conflicto. La gran intuición de Dewey frente a otros pragmatistas fue aplicar la inteligencia, la razón humana —la misma que se había aplicado con éxito a la ciencia— a las cuestiones éticas y sociales, y en concreto a la educación. Para Dewey el problema más profundo de la vida moderna era integrar las creencias del hombre sobre el mundo y sus creencias sobre los valores y propósitos que deberían dirigir su conducta. Tenía la convicción de que, mientras que en los siglos XVII, XVIII y XIX el papel de los filósofos era favorecer la investigación científica, en el siglo XX su papel era extender esa investigación al estudio del hombre.

Dewey aplica por tanto su orientación metodológica, y en concreto la máxima pragmática, a un universo más amplio, al campo de los valores, y ejemplifica la parte social y política del pragmatismo. Para Dewey —como para Peirce— el pragmatismo es también un método, y éste ha de llevarse de la ciencia a otros ámbitos, de forma que se aplique del modo más amplio posible.

El rasgo principal del pragmatismo no es para Dewey la identificación entre pensamiento y acción, sino la conexión inseparable entre cognición y propósito racional. La acción humana, racional, es siempre una acción que persigue un fin y que —al igual que sostenía Peirce— está sujeta a autocontrol. Para Dewey es fundamental la noción de acción inteligente, y los valores son precisamente placeres que son consecuencia de la acción inteligente.

Dewey sostiene también la idea de utilidad presente en James, distinta de un puro interés: “Un concepto de la verdad que hace de ella un simple instrumento de ambición y exaltación privada es tan repulsivo que causa asombro que haya críticos que hayan atribuido ese concepto a unos hombres en su sano juicio”. Para Dewey, la utilidad se refiere a aquello que sirve para organizar el modo de pensar. Este es el peculiar instrumentalismo de Dewey, surgido de su reajuste del pragmatismo, que trataba de abarcar a la vez sus aspectos lógicos y humanistas. Según el instrumentalismo, el pensamiento da lugar a actos que modifican los hechos futuros haciéndolos más razonables y adecuados a los fines que nos proponemos. En realidad, verdad como utilidad significa que las ideas y las teorías contribuyen a la reorganización de la experiencia para que se ajuste mejor a sus propósitos. No se mide la utilidad de una carretera, afirma Dewey, por el grado en que se presta a los designios de un salteador de caminos. Se mide por cómo funciona en la realidad como tal carretera, como medio fácil y eficaz de transporte y de comunicación pública. Lo mismo ocurre con la aprovechabilidad de una idea o de una hipótesis como medida de su verdad.
La verdad, por tanto, está para Dewey, como buen pragmatista, en el futuro, en las consecuencias, en aquello que puede ser descubierto y verificado, en una manera de emplear la inteligencia para mejorar el mundo.

Por otra parte, Dewey rechaza, al igual que los demás pragmatistas, la búsqueda de certeza cartesiana y la necesidad de unos fundamentos primeros. Para él, al igual que para Peirce, la verdad es el resultado de la investigación competente, una investigación que se desarrolla determinando experimentalmente las consecuencias futuras. Dewey tiene, al igual que Peirce, una lógica amplia, una teoría de la investigación, aunque Peirce le critica que su teoría es sólo descriptiva, una historia de la investigación. Sin embargo, las nociones de investigación de los dos pensadores son en el fondo muy similares. Los dos están de acuerdo en que es necesario actuar sobre las hipótesis para verificarlas, y en que en el desarrollo de la investigación, que es un proceso, pueden generarse nuevos problemas. Ese proceso supone una superación de las viejas dicotomías, y defiende la relación intrínseca entre experiencia y razón.

El pragmatismo de Dewey, al igual que el de Peirce, va en contra de una racionalidad separada: la verdad es algo intrínseco a la investigación, no algo trascendente: no se puede separar el conocimiento del contexto en el que surge, sino que tiene que ver siempre con la situación. Sin embargo, el pragmatismo de Dewey, aunque situado en un contexto social, es más individualista que el de Peirce. Y así, en su idea de investigación Dewey tiende a enfatizar más la situación específica en la que se produce y la necesidad de que esa situación deje de ser problemática, mientras que Peirce enfatiza más el papel de la comunidad y la continuidad indefinida de la investigación. Para Dewey, el individuo es el sujeto del pensamiento creativo y el autor de la acción.

En esa investigación, los ideales y los fines funcionan para Dewey como medios que guían el proceso deliberativo para controlar la experiencia y obtener futuros bienes, el crecimiento en sí mismo, el human flourishing, aparece como el único fin moral de ese proceso. Es esa importancia del crecimiento algo que también comparte Peirce, quien sostiene que el crecimiento de la racionalidad es lo único deseable por sí mismo, y por tanto el fin último al que todas las actividades humanas deben aspirar.

El método de investigación de Dewey, un proceso auto-correctivo de crecimiento, se aplica en la ciencia, pero es también el paradigma de la actividad moral. El ideal del crecimiento se sitúa en Dewey en un contexto social y educativo: ese proceso de crecimiento es lo que ha de conducir a la clase de vida humana que es posible en una sociedad libre, democrática, tolerante, igualitaria, una sociedad en la que las ciencias y las artes proliferen y haya progreso, una sociedad que trate de ir más allá de sus límites. La investigación no sólo nos lleva a encontrar lo que hay, sino también a averiguar qué necesidades tenemos, qué pueden llegar a ser los seres humanos.

4.4 F. C. S. Schiller

El pragmatismo no se quedó sólo en un fenómeno estadounidense, sino que traspasó las fronteras y se extendió por otros lugares. Podemos destacar a Ferdinand Cunning Scott Schiller (1864- 1937) como el pragmatista más famoso nacido en Europa, aunque vivió también en Estados Unidos y fue profesor en las Universidades de Cornell y California.

Nacido el 16 de agosto de 1864 en Altona, cerca de Hamburgo, Schiller considera su propio pensamiento, al que denominaba humanismo, como un pragmatismo más amplio, que se extiende a todas las disciplinas filosóficas. Como los demás pragmatistas clásicos, Schiller sostiene que la verdad depende de las consecuencias prácticas, pero para él los fines de la vida mental son los del hombre, y todo conocimiento queda subordinado a la naturaleza humana y a sus necesidades fundamentales. El humanismo, dice Schiller, es simplemente la comprensión de que el problema filosófico concierne a seres humanos que intentan comprender un mundo de experiencia humana con los recursos de la mente humana.

Schiller era un humanista en el sentido de que tanto la realidad como el conocimiento eran para él reflejos de la actividad humana. Entiende que transformamos realmente las realidades mediante nuestros esfuerzos cognitivos, y que, por tanto, nuestros deseos e ideas son fuerzas reales en la configuración del mundo. Ha de suprimirse, sostiene, una razón pura separada de las exigencias de la acción. Así, tanto la realidad como la verdad son plásticas, están hechas por el hombre y son relativas a los propósitos privados de una persona particular.

La verdad depende de nosotros y es mutable, al igual que la realidad. Para Schiller, como para Protágoras, el hombre es la medida de todas las cosas, construye para llegar a un resultado satisfactorio, y toda la ciencia se deriva y está guiada por el proceso psicológico del pensamiento humano: hay una identificación de verdad y verificación. De esta manera, Schiller transformó el pragmatismo en un relativismo revolucionario.

4.5 Otros pragmatistas

El pragmatismo se extendió rápidamente, y podemos mencionar otros miembros de lo que llegó a ser una extensa familia. Entre los pragmatistas americanos podemos destacar en primer lugar a George H. Mead (1863-1931), que desarrolló un pragmatismo orientado a la psicología social y una de las teorías pragmatistas más completas de la mente. Para él la auto-consciencia emerge de las interacciones sociales a través del uso de símbolos. A través del acto social se dirigen las actividades y se controla el futuro, y así Mead coincide con Dewey en que el individuo y la comunidad son correlativos. Entre los pragmatistas americanos podemos destacar también a Clarence Irving Lewis (1883-1964), que desarrolló una teoría del pragmatismo conceptual. Lewis se fija en los conceptos y categorías a través de los cuales se interpreta la experiencia. Esos conceptos constituyen un elemento a priori del conocimiento, que tiene sin embargo una finalidad.

En Europa, uno de los movimientos pragmatistas más importantes tuvo lugar en Italia, defendido por autores como Giovanni Papini y Prezzolini, que veían el pragmatismo como una ruptura radical con el positivismo, o Mario Calderoni y Giovanni Vailati, que lo veían como una extensión y mejora del positivismo. Todos ellos eran colaboradores de la revista Leonardo, en la que también escribieron Peirce, James y Schiller. Papini, quizá el más conocido de todos los pragmatistas italianos, sostiene un pragmatismo mágico y lleva a cabo una exaltación romántica de la acción: a través de la acción creativa, sumergiéndose en la realidad e identificándose con ella, no sólo describiendo la realidad como es sino también conformándola de acuerdo a nuestros ideales, el hombre lograría una especie de divinidad.

Durante las dos primeras décadas del siglo XX, el pragmatismo fue objeto de notable interés en los círculos intelectuales europeos, e incluso llegó a atraer la simpatía de personalidades filosóficas muy dispares, entre las que podría incluirse en España a Miguel de Unamuno y Eugenio d’Ors. Obtendremos sabiduría de nuestros actos y no de nuestras contemplaciones, escribió Unamuno.

Puede señalarse que otras corrientes de sello muy diverso han sido caracterizadas como tendencias pragmatistas: desde los movimientos antiintelectualistas de Bergson, Blondel o Spengler, el biologismo epistemológico o intento de interpretar los procesos cognoscitivos en términos de actividad y sobre todo de utilidad biológica, hasta los trabajos semióticos de Charles Morris o el llamado totalismo u holismo pragmático de Quine, para quien algunos aspectos de la evolución, organización y funcionamiento de la estructura conceptual de la ciencia son cercanos a Schiller, James y Dewey. Se ha llegado incluso a identificar en la segunda etapa de Ludwig Wittgenstein algunas afinidades con la tradición pragmatista.

4.6 El pragmatismo en nuestros días

Tras los pragmatistas clásicos, el pragmatismo se estancó en la década de los 30, a medida que se fue implantando en las universidades la filosofía analítica. Sin embargo, esa visión aceptada de que la filosofía analítica rompía profundamente con el pragmatismo americano clásico ha sido cuestionada. Richard Berstein ha señalado que existen tendencias pragmatistas en algunos representantes de la filosofía analítica como Quine o Sellars, llegando a constituir el movimiento analítico un legado pragmático que no ha cesado. Sea como sea, puede decirse que el pragmatismo clásico revive después del positivismo, de la fenomenología, del análisis lógico, de la epistemología naturalista y de la deconstrucción. A finales del siglo XX el pragmatismo volvió a recibir una atención destacada gracias a la renovación pragmatista que algunos autores llevaron a cabo en el seno de la tradición analítica, y al trabajo de Karl-Otto Apel y Jürgen Habermas en la filosofía continental europea.

Los principales pragmatistas de nuestros días, Hilary Putnam y Richard Rorty, niegan la verdad absoluta para hacer sitio a una ciencia y a una moral humanizadas. No hay verdades absolutas esperando ser descubiertas, no hay fundamentos absolutos para las disciplinas, algo que rescatan de los pragmatistas clásicos, particularmente de Peirce y de la importancia que concede al error. Sin embargo, aparecen claras diferencias entre los dos pensadores: Putnam sostiene un realismo pragmático y moral, y pone el énfasis en la razón; en algún sentido podría situarse dentro de una línea pragmatista religiosa —presente en los pragmatistas clásicos como Peirce, James o Dewey— que afirma que para vivir plenamente como ser humano es preciso elegir cómo vivir. Putnam sostiene un pluralismo derivado de oponerse a la noción de verdad como correspondencia: no hay una única descripción del mundo. Por su parte, Rorty es un materialista. Para él todo es producto del tiempo y del azar, y puede decirse que en general su pensamiento tiene carácter escéptico. Pone el énfasis en los valores de la vida individual y privada. Para Rorty, de modo similar a Schiller, la filosofía no es una forma de investigación sino algo literario, simplemente una continuación de la conversación de la cultura occidental, algo convencional, conversacional.

Pueden mencionarse brevemente otros representantes del pragmatismo en nuestros días: Stanley Fish, que convierte en central para su teoría pragmática la noción peirceana de comunidad interpretativa, aunque a diferencia de Peirce afirma que la verdad está enteramente constituida por la comunidad, no dejando lugar para nada fuera de la interpretación. Al igual que Rorty, Fish tiende a un pragmatismo idealista en el que el mundo desaparece en una multitud de perspectivas, sin que haya nada que nos guíe para movernos entre ellas; Nelson Goodman, fallecido en 1998, desarrolló un pragmatismo metodológico y un relativismo en cuestiones ontológicas. Para él la realidad tenía carácter plástico y era expresable en una variedad de sistemas de símbolos. No se puede buscar la naturaleza de los objetos, sino que realidad es todo lo que se dice verdaderamente que es, en cualquier lenguaje o sistema de símbolos; Sydney Hook ha desarrollado técnicas críticas de análisis de algunas ideologías.

Un ala más científica del pragmatismo contemporáneo —o podríamos mejor decir cientista, pues es fuertemente reduccionista— cuenta con representantes como Paul y Patricia Churchland o Stephen Stich, y afirma que la verdad no es el fin de la investigación, sino que tiene un carácter meramente instrumental. Otros, como Joseph Margolis, tratan de hacer una reconciliación, lo que denominan un “pragmatismo sin fundamentos”, en el que los elementos plausibles del realismo se reconcilien con los elementos plausibles del relativismo.

En todo caso puede afirmarse que surgen en el siglo XX nuevas formas de pensar acerca de los problemas filosóficos en las que aparece lo práctico y lo humano, y que por lo tanto tienen las características centrales del pragmatismo. Aparecen nuevas formas de pensamiento que tratan de reconciliar lo real con un falibilismo y un pluralismo, de encontrar un punto medio entre dogmatismo y escepticismo, de llegar a una noción de verdad a la que se pueda aspirar, que no sea inalcanzable y que a la vez responda a ese nombre. El pragmatismo ha cambiado la escena filosófica, que ya no busca sistemas de verdades eternas, y nos ha enseñado a confiar en una razón de relativo valor, falible, pero humana y eficaz. El pragmatismo es la noción de una filosofía que avanza hacia el futuro con confianza.

4.7 Una filosofía de la imaginación y del crecimiento

Aunque se inicia como un método lógico para clarificar conceptos, el pragmatismo llega a ser toda una manera de concebir la investigación, el conocimiento y el avance del ser humano hacia la verdad. En esa concepción, nos encontramos con que ni el universo ni la vida humana son algo ya realizado o terminado, sino algo abierto que ha de desarrollarse en el futuro. Para los pragmatistas el significado reside en el futuro. El significado de una idea reside exclusivamente en su efecto concebible sobre la conducta, y la única conducta sobre la que podemos influir es la futura. El significado no está en un experimento o una práctica determinada, sino en los “fenómenos experimentales”, en algo de carácter general, en el instaurarse un hábito de acción, en lo que sucederá en el futuro si llega a actuarse de una cierta manera, en la forma en que una proposición deviene aplicable a la conducta humana.

Para entender el significado de un concepto hay que ver por lo tanto las consecuencias posibles a las que daría lugar. El significado no consiste sólo en aquellas consecuencias que realmente tiene el comportamiento, sino en todas aquellas que pudiera concebiblemente tener. El énfasis en el orden de lo posible lleva a la comprensión del pragmatismo no sólo como una teoría de lo práctico, sino como una teoría que abre posibilidades de acción. Se rechaza así un determinismo mecánico moderno y se deja espacio para algo que es más acorde a nuestra propia experiencia: los seres humanos pueden influir en su propio destino.

El pragmatismo deja abierta la posibilidad y la legitimidad de muy creativos métodos de investigación y descubrimiento. Tiene que ver con el examen y la creación de posibilidades, con los vuelos de la imaginación, que está en el centro mismo del pragmatismo, puesto que es necesaria para investigar las consecuencias posibles y para idear los cursos de acción. El pensamiento tiene una función constructiva, creativa, orientada al futuro. Somos participantes activos en un universo inacabado. Hay un continuo entre la mente y el entorno que experimentamos, un proceso temporal y creativo. Existe una respuesta creativa de la mente al mundo que le rodea. Las ideas no son copias del mundo sino maneras de organizarlo.

Se ha visto que el pragmatismo no es una mera exaltación de la acción por la acción, ni es tampoco un mero positivismo o un principio de verificación. Lejos de limitarse a unas intuiciones iniciales, propugna un desarrollo constante de nuevos cursos prácticos de acción que sirven para probar o desechar hipótesis, para aumentar la inteligibilidad del universo y determinar la opinión que culmine la investigación. El pragmatismo tiene que ver con el futuro vivo y establece una continuidad entre teoría y práctica, entre ciencia y vida.

Las implicaciones del pragmatismo son por tanto mucho más profundas de lo que puede parecer a primera vista, y parece un modo de pensar más adecuado a nuestra naturaleza y a nuestra experiencia que el absolutismo moderno. Su concepción plástica del universo y del pensamiento humano suponen una respuesta a posiciones idealistas, fijas, con pretensión de ser absolutas. La acción y el cambio se convierten en ingredientes esenciales de la realidad.

5. Conclusión

Se han recorrido las características del pragmatismo y las peculiaridades de los principales pragmatistas. Con su unión de conocimiento y acción y su flexibilidad conceptual sin perder de vista la realidad, con su correspondencia del individuo con lo social y su noción de continuidad, el pragmatismo está bien preparado para los retos de nuestra época. Su legado, afirma Richard Bernstein, tiene riqueza, diversidad y vitalidad para ayudar a clarificar y resolver problemas con los que nos enfrentamos actualmente. El pragmatismo puede verse por tanto como una conversación que no ha cesado en la que hay voces diferentes e incluso disonantes, y que puede conducir más allá de muchos de los debates estériles de la modernidad y la postmodernidad. La tradición pragmática no es una tradición honrada y embalsamada sino que sigue viva, es constantemente reinterpretada y proporciona nuevas fuentes de inspiración.
Referencias

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-- El Pragmatismo (1ª parte - 2ª parte)

Referencia: Revista de Filosofía Factótum 2014. "El pragmatismo", por Sara Barrena. Universidad de Navarra (España)
- Factótum 12, 2014, pp. 1-18, 21-05-2014. Licencia CC BY-NC-SA 3.0 ES (2014)
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- Recursos Electrónicos
* Grupo de Estudios Peirceanos: http://www.unav.es/gep/
Creado en 1994 en la Universidad de Navarra, este Grupo tiene como objetivo difundir en el mundo hispánico la obra de Peirce y de los principales pragmatistas. En su web están accesibles traducciones al castellano de una amplia selección de escritos, numerosos artículos sobre Peirce y el pragmatismo, así como bibliografía primaria y secundaria.
* Institute for Studies in Pragmaticism: http://www.pragmaticism.net/
Perteneciente a la Texas Tech University, ofrece información y bibliografía para el estudio de Charles S. Peirce.
* Peirce Edition Project: http://www.iupui.edu/~peirce/
Centro perteneciente a la Indiana University que lleva a cabo la edición cronológica de los escritos de Peirce. En su web pueden encontrarse distintos recursos para el estudio de Peirce, como la versión electrónica del índice de R. Robin de los manuscritos de Peirce, Annotated Catalogue, e información detallada sobre el trabajo de la edición cronológica.
* The John Dewey Society: http://doe.concordia.ca/jds/
Sociedad fundada en 1935. Su página web incluye información bibliográfica y otros recursos para el estudio de Dewey.
* The Pragmatism Cybrary: http://www.pragmatism.org/
Sitio web coordinado por John Shook en el que puede encontrarse mucha información sobre el pragmatismo americano, bibliografías de los pragmatistas americanos, enlaces a otros proyectos y universidades, novedades bibliográficas, etc.
* William James Society: http://www.wjsociety.org/
Web de la Sociedad fundada por Randall Allbright para el estudio de la figura y el pensamiento de William James. Incluye artículos y bibliografía.

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